Las calizas que surgieron de los fondos marinos hace trescientos millones de años han originado un relieve donde las altas cumbres alternan con profundas gargantas y cañones. En el parque existen más de doscientas cotas que superan los dos mil metros, con desniveles que alcanzan los dos mil trescientos. La cumbre más alta es la Torrecerredo, con 2.646 metros, aunque la más célebre es el Urriellu, una esbelta mole caliza con más de quinientos metros de pared vertical. Para quien viene acostumbrado a los relieves del sur, esta orografía resulta casi inverosímil si exceptuamos la Almijara, que sería su hermano pequeño del Sur.
La proximidad al mar Cantábrico y la situación en la vertiente norte de la Cordillera generan un clima húmedo y de escasa insolación, con lluvias, nieblas y heladas que varían intensamente entre el fondo de los valles y las cimas. Los ríos Sella y Cares son los principales cursos del parque, junto al Deva. El Cares y el Duje han esculpido durante millones de años los valles que separan los tres grandes macizos. El Cares en particular corre encajonado en un desfiladero de vértigo que es una de las rutas a pie más sobrecogedoras de toda la Península.
En las zonas llanas entre cumbres, los pastores han ubicado sus majadas desde tiempos remotos: agrupaciones de cabañas de piedra y teja donde se elabora el queso Gamonéu del puerto con leche de vacas, ovejas y cabras. Desde las praderías arropadas por los ríos hasta la alta montaña conviven más de doscientas especies de vertebrados y ciento diecisiete de aves, en un territorio donde la mano del hombre y la naturaleza llevan siglos negociando un equilibrio que todavía hoy se sostiene.

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