Ir al contenido principal

TRAVESÍA DE LA IRUELA A ARROYO FRÍO

Travesía circular entre La Iruela y Arroyo Frío en la Sierra de Cazorla. En la primera jornada volcamos del exterior al interior de la sierra, pasando por rincones muy destacados como La Mocha, el Niño sin Brazos, la cima del Banderín (1639 m.), Fuente del Oso, Puente de las Herrerías, y la Cerrada del Utrero. En la segunda, hacemos el movimiento contrario, remontamos al Puerto de Las Palomas, trepamos al Cerro Viñuela (1387 m.) perseguidos por dos mastines, volviendo al punto de partida a través de la histórica Senda de Los Muertos.

· SIERRA DE CAZORLA (jaén)
· OCTUBRE 2021 (ARCHIVO)
· 2 DÍAS
· 35,83 KM
· DESNIVEL: 1947 d+ / 1947 d-
· TRACK


DIA 1: LA IRUELA - PUENTE DE LAS HERRERÍAS - ARROYO FRÍO

Aún no ha amanecido cuando ya hemos dejado los coches aparcados en La Iruela, muy cerca del punto desde el que hoy vamos a comenzar a caminar y por el que también asomaremos al día siguiente cuando finalicemos lo que tenemos planeado. En esta travesía me acompaña Manuel, viejo compañero y gran amigo de la Facultad de Derecho de la UGR (@manuelmopa en Instagram). Juega en casa, ya que es de Huesa, uno de los pueblos que conforman esta comarca de la Sierra de Cazorla y que merece más de una visita para contemplar, entre otros rincones, los espectaculares Picos del Guadiana ó las afiladas crestas de la Calle de los Moros. Traté de engañarlo sin éxito con una sarta de mentiras sobre una supuesta suavidad del recorrido, a cual más gorda y censurable. Pero el buen yantar le pierde y mordió de forma definitiva el cebo con la promesa de cenas copiosas en algún restaurante especializado en todo tipo de productos serranos.

Primeras luces en la sierra
Amanece en La Iruela

Con el cuerpo aún medio adormilado, las piernas frías y el sol aún oculto al otro lado de las montañas, comenzamos a subir hacía La Mocha. Más arriba vemos que echan a correr varios grupos de montesas que desde la distancia nos miran curiosas y parecen preguntarse ¿a dónde coño irán los dos pardillos a estas horas?. 

Cabras montesas en La Mocha
Montesas

Nos asomamos al impresionante tajo por donde va la famosa vía ferrata, donde vemos La Iruela y su fotogénico castillo a nuestros pies. Casi sin darnos cuenta nos hemos quitado doscientos cincuenta metros de desnivel y el costarrón también nos ha servido para entrar en calor. 

Vistas de pájaro a La Iruela
La Iruela desde La Mocha

La dirección que tenemos que seguir para adentrarnos en la montaña esta muy marcada y no hay pérdida posible, dado que es uno de los itinerarios más transitados de esta parte del Parque Natural. 

Camino claro
Senda marcada

Tras una primera parada para beber un trago junto a la antigua Casa Forestal de Prado Redondo, situada a los pies del Cerro Escribano, continuamos ascendiendo a través de la senda por un entorno que va mejorando tras cada paso. 

Ruinas de la casa forestal
Casa Forestal de Prado Redondo

Ammonite
Fósil

A la altura del Collado de los Mártires interrumpo el palique que venimos trayendo sobre batallitas de la facultad y me detengo para echar un vistazo al GPS. Le propongo salir de la senda, a la que volveremos después, para desviarnos campo a través a echar un vistazo a un rincón al que tengo echado el ojo. Mi compañero de ruta, que no es la primera vez que se apunta a algún pateo y ya se ha visto en algún que otro berenjenal, no se fía.

— ¿Seguro que es por ahí?. Mira bien ese cacharro, por aquí no se meten ni las cabras. 

Tras un rato rodeando pinos y saltando de roca en roca llegamos al filo de un cortado con una panorámica sublime a la Peña de los Halcones, al pueblo de Cazorla y el inmenso mar de olivos. Más cerca tenemos la formación rocosa bautizada como Niño sin Brazos. Aún no  podíamos imaginar que al día siguiente casi hacemos honor a ese curioso  nombre, pero no adelantemos acontecimientos. 

Vistas de vértigo
Manuel asomado a Cazorla

Enormes vistas
Amplia panorámica

Nos entretenemos observando varios buitres que aprovechan las corrientes térmicas para elevarse, mientras que otros descansan en sus posaderos. 

En su posadero
Buitre leonado

Lo que ya hemos recorrido
Mirada hacía atrás

De regreso a la senda rodeamos el Cerro de la Laguna en busca del Puerto del Tejo, donde lo lógico habría sido continuar hacía el Parador del Adelantado. Pero nos me va la marcha y ya que estamos aquí me parece buena idea apuntarnos la cima del Banderín (1639 m.), donde saludamos al vigilante del Infoca que en pleno octubre aún sigue allí al venir el otoño muy seco. 

Giro a la izquierda
Puerto del Tejo

Campo a través
Toca un poco de enredo..

Seguimos por la Cuerda de la Laguna y ya tenemos el Parador a tiro de piedra, desde donde podríamos bajar por el Arroyo de los Cierzos y luego girar hacia el Puente de las Herrerías. Otra opción era coger la carretera hasta la Fuente del Oso, y bajar hasta el citado puente. No me apetece ninguna de estas dos alternativas, la primera por ser muy larga y la segunda porque trato de evitar en la medida de lo posible el asfalto. Saco los mapas e improviso un cuele por el collado que separa el Peñón Borondo y el Cerro de la Torquilla, desde el cual nos dejamos caer por un empinadísimo barranco en busca de la fantástica senda de tiempos del ingeniero Enrique Mackay, que se que va metros más abajo por la umbría. Hundiendo los pies en jumas y pegando más de un culetazo, por fin la alcanzamos para seguir ya de forma muy cómoda hasta la Casa Forestal y Fuente del Oso. 

— Y decías que la ruta era pan comido... No se como te sigo haciendo caso, cabronazo. 

Fantástica vista
Los Poyos de la Mesa justo delante

Agua fresca
Fuente del Oso

Tras rellenar las botellas con agua fresca tomamos la senda hacía el Puente de las Herrerías, vigilados por la colosal mole de los Poyos de la Mesa y el rumor cada vez más cercano del Rio Guadalquivir. 

Enorme farallón rocoso
Manuel y los Poyos de la Mesa

Tras descansar y comer junto al bonito Arroyo Maillar nos acercamos al cercano Puente de las Herrerías, donde nos echamos un par de fotos tras esperar de forma paciente a que terminaran sus interminables sesiones fotográficas la legión de domingueros. 

Dicen que se construyó en una sola noche
Puente de las Herrerías
 
Todo el mundo quiere su foto aquí
Manuel en el Puente de las Herrerías

Como ya hemos tenido suficiente ración de enmierde campo a través por hoy, para compensar, propongo continuar por la carretera asfaltada hasta la Cerrada del Utrero. Vamos caminando relajados a mitad de camino entre el camping y Vadillo Castril cuando nos cruzamos con un coche que reduce la velocidad sin detenerse y empiezan a echarle voces a mi compañero. 

— A ver si este tío es famoso por aquí y se lo tenía callado (pienso yo).

Colore ocres y dorados
Otoño en Vadillo Castril

Resulta que son vecinos de su pueblo y luego nos enteramos que con el coche subieron a la Cañada de las Fuentes, donde nace el Guadalquivir, para luego continuar hasta Puerto Llano, en la base del Cabañas, y salir por la carretera que sube a Tíscar. Un buen paseo desde luego, pero a nosotros nos gusta más conocer la sierra a pie. 

Tras el alpargatazo por el asfalto por fin llegamos a la entrada de las escaleras de la Cerrada del Utrero, que rodeamos casi en su totalidad. 

Rio Guadalquivir encañonado
Cerrada del Utrero

Bordea todo el cerro
Sendero perimetral de la Cerrada del Utrero

Antes de hacer el giro completo cogemos una veredilla con gran pendiente y terreno suelto en su primer tramo que nos va a dejar en la carretera que se dirige a Arroyo Frío, muy cerca de la Central, que cruzamos para continuar por el camino que desciende junto al Rio Guadalquivir por su margen izquierdo.


Joven Rio Guadalquivir
Rio  Guadalquivir

A través del puente de Vado Ancho pasamos a la otra margen y entramos en las primeras casas y urbanizaciones de Arroyo Frío donde damos por finalizada la primera etapa. Este sitio se ha desmadrado desde la primera vez que estuve por aquí hace casi treinta años, y no es de extrañar que mucha gente lo conozca como el Benidorm de la sierra. Aún así hay algunos establecimientos que conservan cierta tradición y uno de ellos, situado a la entrada del pueblo y que conocemos por haber ido más de una vez, es el que elegimos para reventarnos a cenar. Hasta tal punto llega el exceso llenando la panza que pese habernos hartado a andar con casi total seguridad el balance calórico de la jornada fue positivo. 


DIA 2: ARROYO FRIO - VIÑUELA - LA IRUELA

Recién acabada la pesada digestión de la cena de la noche anterior y poco antes del amanecer cruzamos de nuevo el puente de Vado Ancho para volver a la margen izquierda del Rio Guadalquivir.  El motivo del madrugón es para no ir apurados de tiempo, ya que tras acabar la travesía a mi me esperan unas tres horas de coche hasta casa. El plan está claro, tenemos que coger la senda que desde el valle remonta hacia el Puerto de las Palomas. 

Amanecer
Primeras luces en Arroyo Frío

Por aquí hubo un terrible incendio en el verano del año 2001 y pese haber transcurrido veinte años a esta ladera le queda mucho para recuperarse. Aquí y allá hay varios ejemplares de pino que se salvaron de milagro y otros pequeños que son descendientes de los que desaparecieron, pero lo que más hay son viejos troncos calcinados. El camino también esta muy roto en algún tramo y  no es fácil de seguir casi a oscuras.  

Aun le quedan años para recuperarse
En la zona del incendio

Salvado in extremis
Pino superviviente del incendio

Por fin empieza a clarear y casi sin darnos cuenta estamos ya en el Puerto de las Palomas. Cruzamos con precaución la carretera y cogemos el GR247 en dirección a la Casa Forestal del Sagreo.

Antigua casa forestal
Casa Forestal del Sagreo

Tras dejar atrás la casa comenzamos a escuchar muy a lo lejos el cencerro de un rebaño de ovejas. Manuel se detiene en un rincón a echar una meada y cuando no llevamos ni tres metros tras reanudar la marcha aparecen por el fondo del camino dos enormes mastines de más de 80 kg cada uno.  

— Por lo que más quieras, Manolo...quédate quieto. Ni se te ocurra echar a correr, alzarles los bastones, ni mirarlos a los ojos. 
— Descuida, no pensaba hacerlo. 

Cuando llegan a nuestra altura uno de ellos, el más grande, comienza a soltar unos ladridos roncos mientras nos rodea gruñendo a escasos metros de distancia. De repente se aparta para dirigirse al punto exacto en el que Manuel ha orinado, donde el muy cabrón mea encima para hacer saber quien manda allí. El otro mastín, que parece menos hijo de puta, se aburre de la situación y se marcha con sus ovejas que ahora ya las vemos careando allí al fondo, a más de un kilómetro. No hay ni rastro del pastor. El perro que se había quedado vuelve hacia nuestra posición y de nuevo nos rodea una y otra vez durante unos diez minutos.  Tras permanecer todo ese tiempo inmóviles y sin hacer ningún gesto brusco para no darle motivos para intentar mordernos, decide alejarse. Esperamos un tiempo prudencial y cuando ya hemos echado a andar de nuevo lo vemos venir de nuevo ladrando a nuestro encuentro. 

— Ahí viene otra vez, el cabronazo nos va a dar el día. 

El perrazo repite los mismos movimientos de su anterior visita, girando y gruñendo sin parar a poca distancia. La situación me parece completamente surrealista y el bicho me recuerda al can de la película Cujo, basada en una novela de Stephen King. He visto mastines y otros perros pastores en muchos pateos en estas sierras, en otras de Andalucía, en Cantabria y en los Picos de Europa, y nunca he tenido ningún incidente guardando mucho las distancias. Aquí se nos han venido a nuestro encuentro y a rondarnos estando las ovejas a una distancia enorme, de locos. De pronto muy a lo lejos vemos el otro mastín que se está marchando con las ovejas camino adelante y por fin el mendrugo que no deja de dar la brasa se marcha detrás. El problema es que es justo por ahí por donde tenemos que continuar para ascender por el itinerario normal al cerro Viñuela, así que sopesando las diferentes opciones propongo una subida directa por su cara norte y con suerte adelantaremos a las ovejas y a los perros. Miro el GPS y se ven las curvas de nivel muy juntas, señal de que la pendiente tiene que ser considerable. 

Loma muy empinada
Subida al Viñuela

Los primeros metros de la subida se hacen bien entre ejemplares de pino laricio, pero a media ladera la cosa se complica de más. El verano pasado por aquí cayó una tormenta severa que provocó una riada con barro y rocas más abajo en las calles de Burunchel. Todo ese material arrastrado salió de por aquí, siendo un calvario progresar por las cárcavas y terreno descompuesto. Poco a poco, casi a gatas, subiendo dos pasos y derrapando otro hacía atrás, conseguimos llegar a mejor terreno y por fin respiramos tranquilos. 

Parada tras subir lo más duro
Un merecido descanso

Lo que queda de camino hasta La Iruela
Echando un ojo a lo que nos queda

Nos acercamos al vértice geodésico del Viñuela (1335 m.) desde el que disfrutamos de unas fantásticas vistas a 360º. No paramos de comentar lo que nos ha costado subir hasta allí, primero por el desgraciado del perro y luego por la subida en sí que se nos ha atragantado. 

Vista a 360 grados
Vértice geodésico Viñuela

Otoño en Linarejos
Vistas a Linarejos

Tras comer y beber algo, inmortalizamos el momento aprovechando un encuadre perfecto con La Iruela al fondo, y nos ponemos en marcha a buen ritmo para intentar dejar atrás a las ovejas que van por el camino metros más abajo. 

Los dos componentes de la expedición
Foto de grupo

Llegamos al cruce y comprobamos que las ovejas y los mamones de los perros se han quedado por detrás, por fin algo nos sale bien en esta etapa y podemos continuar con tranquilidad. Hasta La Iruela solo nos queda recorrer la antigua Senda de los Muertos, llamada así porque era el camino que hace muchos años seguían las comitivas fúnebres cuando iban y venían al interior de la sierra a por gente que había fallecido para darles sepultura en los campos santos de La Iruela ó Cazorla. Aprovechaban la oscuridad de la noche para transportar los cadáveres enrollados en sabanas y a los lomos de una bestia, causando gran impresión al que se cruzaba con ellos. 

Senda de los Muertos
Muros de piedra seca

Esa es la historia de su nombre, bien conocida en los pueblos de los alrededores, sobre todo entre la gente mayor. Nosotros ya vamos de cachondeo y se nos ha ocurrido una versión más actualizada. Nuestra teoría es que el nombre le viene por la de gente que se han debido cargar nuestros amigos los perros. Y le damos una vuelta de tuerca más. Lo del "Niño sin Brazos" del día anterior igual también se explica por ahí, que nuestros amigos los canes confundieron las pequeñas extremidades de una criatura que pasó por allí con huesos de jamón. 

Vista fantásticas a la Sierra
En una de las revueltas de la senda

Así, de muy buen humor poco a poco nos vamos acercando al final a través de esta senda que, pese a su tétrico nombre, no deja de ser una fabulosa obra de ingeniería. Vamos dejando atrás la Nogueruela, el Refugio de Rechita, las Lanchillas, el Eremitorio de la Magdalena y por fin llegamos a las inmediaciones de La Mocha, donde iniciamos la caminata el día anterior. 

Otoño que no llega
El otoño se resiste a llegar

Fin de la aventura
Final en La Iruela

Con la satisfacción que queda cuando los planes salen bien (no fue fácil en ésta segunda y última etapa) nos despedimos de la Sierra de Cazorla y también entre nosotros con nuestras ya clásicas frases: "a mi no me llames mas eh !" ó "la siguiente más fácil, que ya estamos mayores". 

Comentarios