Travesía de cuatro jornadas alrededor del Macizo Central de Picos de Europa, con Sotres como punto de partida y llegada. Un soberbio recorrido en el que empezamos en Asturias, nos introducimos en Cantabria, luego pasamos a la provincia de León para finalizar, de nuevo, en tierras del Principado.
· PICOS DE EUROPA (ASTURIAS, CANTABRIA, LEÓN)
· AGOSTO 2019 (ARCHIVO)
· 72,73 KM
· DESNIVEL: 4744 d+ / 4744 d-
· TRACK
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Si bien este blog está dedicado a nuestras Sierras Béticas andaluzas, ello no va a ser obstáculo para que aparezcan por aquí actividades realizadas en otras montañas. Mi estreno en Picos de Europa fue allá por el año 2014, en el que pude apuntarme la cima de Peña Main —inmejorable mirador del Urriellu, aunque a mi se me tapó justo al llegar arriba—en un día de "descanso" de las jornadas de turisteo puro y duro.
Aquella montaña me dejó tan buen sabor de boca que me prometí volver para desquitarme. En los cinco años que pasaron entre la primera visita y la que vengo a contar en esta entrada, fui acumulando más experiencia y empecé a hacer travesías de varios días, como la accidentada del El Yelmo y Las Banderillas en la Sierra de Segura o la del Pico Ventana y el Tinajo en la Sierra de Grazalema.
Una vez perfeccionado el método tenía claro que quería hacer algo similar en tierras norteñas. Estuve estudiando las diferentes propuestas de anillos de Picos u otros trazados. Pero, por aquel entonces, sentía que aún me faltaba un poco de bagaje para afrontar un desafío semejante. Además, para mi compañero iba a ser su bautizo en un pateo de varios días.
Así que, tras descartar arrastrar mochilones por las alturas, diseñé una más que atractiva alternativa rodeando el macizo central. Un trazado que nos iba a permitir visitar tres comunidades autónomas y, con sus 4000d+, tampoco se podía considerar un pateo de pisapraos.
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| Las cuatro etapas en diferentes colores |
Tras el palizón que siempre supone atravesar en coche desde el extremo sur de la península al norte, ya en Sotres nos dirigimos al restaurante de nuestro primer alojamiento con la idea de cenar de forma ligera. Al final la tentación nos pudo y nos reventamos con un cachopo de casi 1 kg por cabeza, el de mi compañero relleno con queso de cabrales. Y ahora, repasados todos los antecedentes, paso a relatar una a una todas las jornadas.
DIA 1: SOTRES - PUERTOS DE ÁLIVA - CUETO REDONDO - ESPINAMA
Al llegar a Sotres la tarde noche anterior nos había recibido una fina lluvia veraniega. Recién despierto, antes de la salida del sol, me asomo por la ventana y veo que luce un cielo despejado.
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| Amanece en Sotres. Peña Castil de fondo |
Tras desayunar un café con unas tostadas todavía en plena digestión de los cachopos, preparamos las últimas cosas y nos echamos las mochilas a las espaldas. Nos despedimos de nuestra simpática anfitriona y del pueblo. Volveremos a asomar por aquí, si todo va bien, cuatro días después.
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| Comienzo inmejorable … |
Los primeros metros los hacemos dejándonos caer por la carretera asfaltada que sube desde Poncebos a Sotres, pero en una curva cerrada continuamos recto en busca de la pista que se dirige a los Puertos de Áliva. Vamos con la boca abierta flipando con la mole de Peña Castil a nuestra derecha y los farallones alfombrados de verde que tenemos a nuestra izquierda.
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| Nos adentramos en el valle |
Pero pronto nos van a despertar de nuestro estado de asombro. A la altura de los Invernales del Texu (o Cabao) vemos venir en nuestra dirección un mastín con la intención de dar por finalizada nuestra aventura antes del primer kilómetro. Por fortuna, por allí anda el pastor, le pega cuatro gritos a la bestia parda y vemos aliviados como se da la vuelta perdonándonos la vida.
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| Invernales del Texu |
Una vez superado el primer matchball tras apenas 15 minutos de marcha, continuamos ya más tranquilos hacia las Vegas del Toro. Conforme avanza el camino el panorama cada vez es más espectacular.
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| De frente por el carril |
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| Curiosas formaciones … |
Las Vegas del Toro se sitúan en un paraje idílico y espectacular, de esos que dan ganas de quedarte para siempre. Tanto que le pego un buen calentón a la cámara de fotos disparando para todos los lados.
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| Las Vegas del Toro |
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| Sobran las palabras |
Con todo nuestro pesar continuamos de frente por el carril, que empieza a ponerse cuesta arriba ya de forma decidida en busca de los Puertos de Áliva y la línea imaginaria que separa Asturias de Cantabria.
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| Mirada hacia atrás … |
Si habíamos alucinado con las Vegas del Toro, al llegar a los Puertos de Áliva nos quedamos literalmente hechizados.
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| Pista de los Puertos de Áliva |
Miremos para donde miremos todo es sublime. Aunque en el sur también tenemos y conocemos rincones muy húmedos, esto nos parece otro mundo.
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| Jugando con la cámara |
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| Gendarme de roca |
Seguimos de frente en busca del Refugio de Áliva. Por los alrededores encontramos un montón de gente de la que sube en el teleférico de Fuente Dé, pero nuestro objetivo es otro.
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| Refugio de Áliva |
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| Al fondo el Cueto Redondo … |
Voy muy fuerte y casi sin darme cuenta me encaramo a la cima, mientras que mi compañero, aún lidiando con el cachopo de cabrales del día anterior, va a su ritmo.
Cuando estudié los mapas del IGN en la preparación de la actividad estaba más que seguro que esta montaña de 1914 m. sería un excelente mirador a la zona de Fuente Dé y Peña Remoña. Pero, igual que me ocurrió años atrás en Peña Main, las nubes me echan por tierra el plan. Por suerte, de vez en cuando se hace un claro y podemos sacar alguna foto medio decente.
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| Vistas desde el Cueto Redondo |
Iniciamos el descenso campo a través en busca de las Majadas de Espinama. En cada metro que vamos perdiendo surge a nuestro paso una estampa a cual más inolvidable.
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| Una de mis fotos favoritas de siempre |
Tras la preceptiva parada para comer y beber algo, seguimos en descenso y, sin previo aviso, aparecen las fantásticas Majadas de Espinama.
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| Las Majadas de Espinama |
Las atravesamos atajando entre las numerosas vacas que pastan aquí y allá, y empalmamos con la pista que, después de una cancela, desciende en busca de Espinama. Cuando ya damos por hecho que lo mejor de la primera etapa ya lo hemos dejado atrás, el trecho que nos queda de bajada nos vuelve a regalar unas vistas majestuosas como esta desde los Invernales de Igüedri.
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| Invernales de Igüedri |
A media tarde entramos en Espinama. Enseguida localizamos un bar con su correspondiente terraza. Nos descolgamos las mochilas y caen un par de jarras de cerveza helada, siendo el colofón perfecto a la primera etapa. A la noche nos ponemos nuestras mejores galas (la muda limpia) para dar buena cuenta de las viandas del pueblo. En esta ocasión no hacemos el animal y, en un estupendo restaurante del pueblo, cenamos de forma moderada un exquisito plato de bacalao con más refrigerios.
DIA 2: ESPINAMA - COLLADO DE VALDEÓN - CORDIÑANES
Durante la cena de la noche anterior no dejamos de mirar una y otra vez las predicciones del tiempo para esta segunda jornada. Como ambos somos un par de frikazos de la meteo consultamos el amplio surtido de modelos meteorológicos que conocemos. Todos (gfs, europeo, ukmo, harmonie etc) coinciden en que después del medio día el asunto se va a poner malo, con altas probabilidades de tormenta eléctrica al final de la tarde.
Para descartar por completo que nos pille en el paso por el Collado del Valdeón, punto más alto de la etapa, nos pegamos un madrugón de aúpa y ya estamos saliendo cuando es todavía de noche en Espinama. Pasamos por Pindo, donde no se ve un alma por la calle y solo se escuchan ladridos de perros y algún gallo. A la altura del Refugio Pidio el camino se pone muy para arriba, en busca de los Invernales las Berrugas.
Girando la cabeza hacia el otro lado, a la zona del Somo, las vistas ni mucho menos se quedan atrás. Este rincón es fabuloso.
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| El Somo |
Pero no podemos parar a recrearnos como el día anterior y seguimos para arriba en dirección al Collado. Comenzamos a escuchar el ruido de cencerros, que delatan la presencia de ganado por los pastos de estas alturas. Y, quien sabe, si otro mastín con ganas de jarana.
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| Camino al Collado de Valdeón |
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| Ganado pastando |
Nos salimos del camino para tomar la vereda por la que tenemos que volcar al otro lado del collado. Por fortuna no hay rastro de perros y, tras pasar la raya entre Cantabría y León, en un santiamén estamos en lo alto del paso de montaña.
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| Collado de Valdeón |
Arriba nos encontramos y charlamos un rato con dos chavales que han subido desde Santa Marina de Valdeón. No parecen ser autóctonos porque no saben si regresar por el camino de su subida o tirar para otro lado. Le avisamos del cambio de tiempo que se avecina y los dejamos allí debatiendo que hacer.
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| Posando con el Pico Gabanceda de fondo |
Desde el collado nos espera una larga bajada a Posada de Valdeón a través de una preciosa senda. Pero lo que nos vuela la cabeza es el brutal telón de fondo que vamos a tener durante todo el rato que vamos a ir perdiendo altura.
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| Ahora toca bajar … |
Nos deja impresionados el murallón del Cornión o Macizo Occidental en el que destaca, entre otros, Torre Bermeja.
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| ¿Quién se resiste a una foto aquí? |
A mitad del descenso, en la zona de Los Cornijales, volvemos a cruzar entre un grupo numeroso de vacas pero igual que el anterior encuentro, no hay ni rastro de algún mastín motivado de más.
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| Los Cornijales |
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| Tremendo encuadre |
Seguimos para abajo y vemos por primera vez las primeras casas de Posada de Valdeón cuando casi estamos dentro de sus calles. Las cosas de la perspectiva en la montaña.
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| Primera vista de Posada de Valdeón |
Como nos lo hemos ganado y vamos mejor del horario que habíamos programado, localizamos una terraza para comer como sibaritas y refrescarnos con unas birras.
En la mesa de al lado hay una pareja de vascos con dos adolescentes. Los cuatro van con la camiseta del Athletic de Bilbao y se hacen notar con sus "aibalaostia", "caguendios" y todo el repertorio que hemos visto tantas veces en los sketch de Vaya Semanita. Aún no lo sabíamos, pero no sería la última vez que veríamos a esta familia.
Tras dar una vuelta por el pueblo tomamos el bucólico camino hacia Cordiñanes. Con el rabillo del ojo derecho vemos como los primeras nubarrones negros empiezan a enredarse en los riscos de la parte del macizo central.
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| El tiempo comienza a cambiar |
Pero nos hemos portado como unos campeones, lo teníamos todo planificado al dedillo, y mucho antes de que se desate la tormenta ya estamos en el precioso pueblo de Cordiñanes.
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| Cordiñanes |
Cenamos pronto para descansar lo máximo posible ya que al día siguiente nos espera un alpargatazo considerable hasta Poncebos. Mientras damos cuenta de una olla de cocido liebaniego —si, de nuevo algo ligerito para ir a dormir— en el estupendo sitio donde vamos a pernoctar, fuera se desata el tormentón esperado. Se escuchan rayos pegando petardazos por todas las crestas que rodean el valle y mucha agua cayendo. Pero nos vamos tranquilos al catre sabiendo que los días siguientes volverá a asomar el sol.
DIA 3: CORDIÑANES - SENDA DEL CARES - PONCEBOS
Poco después de apurar un rápido desayuno ya hemos abandonado Cordiñanes y nos encontramos junto al fotogénico Mirador del Tombo. Aún vemos algunas nubes enganchadas a las crestas de las alturas, restos de la tempestad que se prolongó durante la madrugada.
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| Mirador El Tombo |
Preparando la actividad comprobé que desde aquí hasta Caín nos esperaba un largo trozo en que íbamos a ir alternando tramos de carretera de asfalto con algunos desvíos y atajos por senda. Con toda probabilidad, pensaba por entonces, este sería el tramo menos atractivo de la travesía. Y mas teniendo luego la grandiosa Senda del Cares. Pero estaba muy equivocado.
Poco después de abandonar el mirador empezamos a pasar por rincones formidables y solitarios como el de la foto de abajo.
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| Precioso rincón de camino a Caín |
Tras un pequeño tramo de asfalto, sin rastro de coche alguno al ser muy temprano, nos desviamos por otra senda que nos lleva a la Ermita de Corona.
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| Ermita de Corona |
Unos metros atrás nos hemos dejado el Chorco de los Lobos, una trampa que los habitantes de la zona usaron antiguamente para guiar, encerrar y matar a los lobos que bajaban de la montaña al valle. Un asunto que me interesa especialmente, pero este no es el lugar para hablar del tema.
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| Laderas tapizadas de verde |
Los ojos se nos van a las inmensas laderas que tenemos a un lado y al otro de la garganta por la que avanzamos. Otras veces a las majadas y otro tipo de construcciones tradicionales que vamos viendo a nuestro paso.
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| Picos de Europa en su máxima esencia |
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| Lo que iba a ser el tramo feo … |
Salimos de la fantástica senda por la que veníamos, cruzamos el Puente Santiján, y volvemos al asfalto. Afrontamos un par de kilómetros por la carretera, que sigue desierta, junto al rumor del Río Cares. A los domingueros no les gustas madrugar. Incluso este tramo nos parece muy bonito y vamos disfrutando.
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| Junto al Río Cares por la carretera … |
Podíamos seguir así hasta Caín, pero se que unos kilómetros antes del pueblo podemos marcarnos otro desvío para subir al pequeño Collado del Pando, así que ni lo pensamos. De vuelta junto al río cruzamos un puente y entramos en Caín, con algunas de sus casas engalanadas con un montón de flores.
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| Caín de Valdeón |
Desde Cordiñanes hasta este punto no hemos visto ni a una persona, ni escuchado un coche. A partir de aquí la cosa va a cambiar. Empezamos a ver pequeños grupos de senderistas, aún con cara de sueño, tras pasar la noche en los alojamientos del entorno.
Paramos a picar y beber algo, antes de continuar en busca del inicio de la famosa Senda del Cares. Nos internamos por los primeros túneles y nos da la bienvenida una bonita cascada o chorreón que se despeña desde más arriba dibujando un efecto muy llamativo.
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| Tunel y Chorréon |
Pasa a paso nos vamos adentrando en la impresionante garganta por la que se cuela el Río Cares, separando los colosos del Macizo Central y el Occidental. Cruzamos varios puentes y no paramos de darle al disparador de la cámara de fotos a todos los rincones.
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| Primer tramo de la Senda del Cares |
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| Posando con la tremenda garganta |
Conforme vamos a avanzando, mas o menos en el punto donde cruzamos la línea entre la provincia de León y Asturias, comenzamos a detectar un goteo cada vez más grande de gente que viene de frente, del extremo de la senda, en Poncebos. Al principio no le damos más importancia. Es una senda muy famosa, en pleno verano, y es normal. Todo el mundo tiene derecho a disfrutar de este paraje. Era algo que esperábamos.
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| Fantásticas vistas |
Pero la cosa llega a un punto que empieza a pasar de castaño a oscuro. Gente pasando a la carrera a tu lado con un precipicio de varios cientos de metros por abajo. Imbéciles montados en bicicleta a toda pastilla sin ningún respeto por la gente que va caminando. Padres llevando a los críos atados por la cintura con sogas, por si se les despeñan. Muchos perros sueltos. Anormales haciéndose selfies en cornisas inestables.
Y lo más escandaloso, una cantidad de gente con sandalias de playa, algunos ya con heridas serias. El punto simpático lo pone el segundo encuentro con la familia del Athletic de Bilbao (los cuatro con sus camisetas), que encontramos en un recodo del sendero y con un gesto con la cabeza nos confirman que ellos también nos tienen fichados de la terraza de Posada de Valdeón.
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| Posando con cara de cabreo |
Entre unas cosas y otras la última parte de la senda no la disfruto. En los años que llevo haciendo montaña he hecho pateos senderistas muy masificados (Borosa, Cahorros de Monachil, etc) y jamás había visto un circo semejante.
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| Llegando a Poncebos |
Vamos tirando fotos en modo automático para documentar la travesía en su totalidad, pero en realidad voy deseando llegar al sitio donde vamos a pasar la noche y salir de este despropósito. Al terminar la senda llegamos a la zona de aparcamiento, con coches aparcados a ambos lados de la carretera, en una cola que debía llegar casi hasta Oviedo. Tremendo.
Pasamos el resto de la tarde deambulando por los alrededores del Cares y el Puente de Poncebos, observando como un pescador sacaba truchas del tamaño de un boquerón que afortunadamente devolvía al agua.
A la noche tocaba desquitarse en la cena con unas jarras de cerveza y otra abundante ración de productos asturianos.
DIA 4: PONCEBOS - BULNES - COLLADO PANDEBANO - SOTRES
La cuarta y última jornada, en la que íbamos a cerrar el círculo que veníamos trazando alrededor del macizo, con sus escasos 14 kilómetros era la más corta del itinerario con diferencia. Pero estaba muy lejos de ser un paseo. Partíamos desde los 200 metros de altitud de Poncebos a los más de 1200 del Collado de Pandebano, todo en apenas 7 km.
Para no perder la costumbre salimos bien temprano y vemos que apenas hay dos o tres coches donde ayer había varios miles. Ya aparecerán después, pero ya no estaremos por aquí. Deshacemos unos cientos de metros para cruzar el Río Cares por el Puente de la Jaya.
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| Refugio al otro lado del río |
Desde aquí sabemos que comienza una subida sin apenas descanso, así que nos lo tomamos con paciencia. La senda comienza a remontar por el lado derecho del barranco, pero pronto se pasa al izquierdo a través del Puente del Jardu.
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| Mirada hacia atrás |
Para ser la última jornada vamos mejor de lo que esperamos, los farallones nos protegen del sol y, casi sin darnos cuenta, ya estamos entrando en Bulnes.
Como vamos bien de tiempo y vemos que hay un bar abierto, nos acercamos a echar un café para entonarnos el resto de la subida. En esas estamos cuando vemos pasar de nuevo unos conocidos de la travesía. ¡ Otra vez la familia del Athletic de Bilbao perfectamente uniformados !. No nos dirigimos una palabra porque siguen de largo, pero ambos grupos nos echamos unas risas cómplices ante el tercer encuentro.
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| Bulnes y la terraza del café |
Con el cuerpo arreglado nos volvemos a echar las mochilas a las espaldas y tiramos para arriba. Nos han contado los de la cafetería que a la salida del pueblo, tras un pequeño desvío a la izquierda, hay un bonito mirador al Urriellu. Le hacemos caso y tomamos la primera foto de la cima más emblemática de picos, aunque sabemos que más arriba lo vamos a apreciar mejor.
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| Mirador al Urriellu |
Volvemos a la senda principal que nos tiene que llevar al Collado de Pandébano. Apenas da un descanso —todo el rato para arriba— pero entre tanta fuente, manchas de bosque y las vistas que cada vez son más grandiosas se nos hace muy amena.
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| Ganando metros |
De pronto entramos en un muro de helechos entre los que se cuela la senda a duras penas, siendo casi inevitable tocarlos. A estas plantas, en verano, le tengo mucho respeto porque se que las garrapatas le tienen mucha querencia y al mínimo roce te llevas una contigo. La situación la compensa la extraordinaria visión del Urriellu que empezamos a contemplar desde aquí, quedando inmortalizada en la foto de abajo.
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| Bosque de helechos y el Urriellu |
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| Helechos y más helechos |
Por fin salimos a terreno despejado y volvemos a escuchar cencerros de ganado, un sonido muy familiar a lo largo de toda la travesía. Aquí también están a su bola y no hay perros.
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| Llegando al Collado de Pandébano |
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| Vacas posando con el Urriellu |
Aquí soltamos las mochilas y nos disponemos a comer lo que nos queda de provisiones con unas maravillosas vistas al Picu. Tras la pitanza, como vamos bien de tiempo —tenemos toda la tarde para desplazarnos a Llanes, donde esa misma noche nos pegaremos una juerga de las buenas …— dedicamos un buen rato a una sesión de fotos.
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| Foto de grupo |
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| Posando con el Urriellu |
Con la cámara al borde del colapso damos por terminada la sesión y, bajando a través de una senda, empalmamos con un camino donde encontramos varios parkings repletos de coches de la gente que sube al Urriellu o a hacer otros pateos cercanos. Pero nada que ver con lo del Cares.
En un recodo del carril nos topamos con una fabulosa panorámica de los Invernales del Texu (o Cabao), donde el primer día tuvimos el pequeño incidente con el mastín.
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| Inolvidable panorámica |
Terminamos la bajada y conectamos enseguida con la carretera asfaltada que sube a Sotres, por donde nos dejamos caer en nuestros primeros pasos el día uno de la aventura. Hace mucho calor y en el repecho final vamos torrados.
Tras dejar el material en el maletero del coche, nos acercamos a una terraza a hincarnos tres coca colas heladas en menos de 10 minutos que nos sientan de maravilla. Entre trago y trago vamos rumiando el tremendo pateo que acabamos de completar entre Asturias, León y Cantabria, una aventura inolvidable y que siempre estará en mi top de actividades por lo bien que salió y todo lo que significó.




























































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