< Hace ya muchos años, dieron un decreto diciendo que todo aquel que quisiera ocupar los montes de realengo, a lo ancho y a lo largo del río principal y de sus afluentes, podía aposentarse donde quisiera y amojonar las tierras que escogiera para sacarlas de terreno nuevo y ponerlas en cultivo, y se les considerarían para siempre en propiedad, igual que si hubiese pagado por ellas. >
De esta forma comienza Los Hornilleros, obra cumbre del polifacético cordobés Juan Luis González-Ripoll, que también era escultor y pintor. Se trata de una entrañable novela en la que narra con el lenguaje sencillo de las gentes de la sierra la llegada de una oleada de colonos que, con una mano por delante y otra por detrás, vinieron desde levante y otras partes a la inmensidad de las Sierras de Segura y Cazorla en busca de tierras donde buscarse la vida.
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| Primera Edición |
<Algunos llevaban consigo sus aperos y sus ganados y animales de trabajo, pero la mayoría eran tan pobreticos que no tenían nada que llevar, salvo las ilusiones, y hacían el viaje montados en sus albarcas, a lo largo de muchos días de camino, llevando a la espalda los ajuares>
Cuenta de forma magistral como salieron adelante con el único capital que llevaban consigo, que no era otro que el duro trabajo de sol a sol y una fuerza de voluntad infinita, necesarios para limpiar de malezas y piedras los terrenos que a ojo pensaban que debían ser fértiles. Allí ponían sus mojones, que eran sagrados para los que llegasen después, y levantan con materiales del mismo terreno el cortijo (las vigas con troncos de pinos desdoblados, las paredes con las rocas que habían apartado..), el horno para cocer el pan, las chiquera ó la tinada para el ganado.
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| Segunda Edición |
El personaje principal es Juanillo, quien relata los miedos que le asaltan a su temprana edad cuando acompaña a sus mayores a darle careo a las ovejas por los riscales y navas solitarias de aquellas montañas, aguantando tormentas y el rondar del lobo aún presente en aquella época.
<De modo que se corrió el
rango, y con diez años me quedé de
mayoral con las ovejas, y mi hermanillo,
que tenía siete, venía conmigo de zagal,
y yo heredé la honda y él, el miedo,
porque así es la vida.>
Excelente es su forma de describir el resto de integrantes de su familia y la personalidad de cada uno de ellos, destacando la figura del abuelo (soberbio el capítulo del puente) ó los líos de faldas de su tío Perico Pedro.
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| Tercera Edición |
Los Hornilleros se cocinó a fuego lento en La Ponderosa, la casa que la familia de Juan Luis González-Ripoll tenía a pocos metros del Rio Guadalquivir, muy cerca de Coto Rios. Allí tenía varios ilustres vecinos como a Manuela "La Golondrina", que estaba al frente de una de las ventas con más solera de aquellas sierras, y Justo Villar, antiguo cazador furtivo reconvertido en guarda forestal. En las largas sobremesas junto a la chimenea este ultimo le contaba todo tipo de historias de la sierra.
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| Cuarta Edición |
Allí se habló de estos colonos a los que llamaron Los Hornilleros que < cuando pasaban cerca de los poblados, la gente les cerraba las puertas como si fueran apestados, y decían: no llevan más que los hornillos para calentar lo que puedan afanar por el camino, y por eso de llevar los hornillos, empezaron a llamarles los «hornilleros», y ese nombre les quedó para siempre; a ellos y a sus descendientes. Cuando les veían pasar, decían; ahí van más «hornilleros», que venía a significar lo mismo que pobretones o mendigos>.
También de los hacheros, pineros, recoveros, matuteros, arrieros, pegueros, caleros y un sinfín más. Pero de lo que más se habló fue de escenas de caza en aquellos barrancos, cortados y voladeros de la sierra. Justo solía exagerar estas historias hasta un punto en el que hacía enfadar a su mujer, que andaba por allí y era bien conocedora de la versión original. Esas charlas dieron lugar — años antes que Los Hornilleros — a otra de sus obras maestras, Narraciones de Caza Mayor en Cazorla que no hace falta decir que es mucho más que un libro de caza y es otro de los imprescindibles.
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| Quinta Edición |
"Los Hornilleros" lo descubrí hace ya muchos años, en plena época navideña. Al calor de una mesa camilla y un brasero me sumergí tanto en la historia que me lo acabé en una sola tarde. Al día siguiente empecé de nuevo una lectura más sosegada, como merece esta joya de la literatura costumbrista. Desde entonces, pese a que no es un libro navideño, suelo sacarlo de la estantería en estas fechas para disfrutarlo como aquella primera vez, siendo parte de una especie de ritual que se repite año a año. El libro se editó en 1976 y se ha reeditado en varias ediciones, que corresponden a las portadas anteriores. Juan Luis González-Ripoll falleció en marzo de 2001.






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