Ir al contenido principal

TRAVESÍA EL YELMO Y LAS BANDERILLAS

Relato de una travesía en la Sierra de Segura sufriendo los rigores de la canícula y más de un imprevisto, en la que se hizo cumbre en el Yelmo y Las Banderillas, sus dos montañas más señeras.

· SIERRA DE SEGURA (jaén)
· JULIO 2018 (ARCHIVO)
· 3 DÍAS
· 90 KM
· DESNIVEL: 3324 d+ / 3762 d-
· TRACK

DIA 1: SEGURA DE LA SIERRA - YELMO - HORNOS

Nos colgamos las mochilones aún aturdidos por el madrugón y las más de cuatro horas de viaje hasta Segura de la Sierra. Tras las fotos de rigor junto a la estatua de Jorge Manrique - para dar fe de nuestro punto de partida - los ojos se me van a la ladera norte del Yelmo, que se presenta calcinada por el infame incendio del verano anterior.

Estatua Jorge Manrique y el Yelmo
Estatua Jorge Manrique

A mi compañero de fatigas en esta aventura también le llama mucho la atención la silueta de la mítica montaña segureña.

— ¿Hay que subir ahí?. 
— No. Vamos a rodear la montaña por un carril que va a media ladera. 
— Menos mal .. 

Blancas casas en Segura de la Sierra
Segura de la Sierra

Aún no es medio día y las chicharras ya están en pleno concierto cuando nos dejamos caer a plomo por la senda (GR247) que baja hacia el Rio Trujala.

Pista con el Yelmo al fondo
Pista Forestal

Mientras preparaba la actividad vi en los mapas que se podía empalmar desde El Batán, una cortijada junto al rio, con dicha pista forestal que recorre la ladera Oeste del Yelmo y situada bastante metros más arriba. Camino que conseguimos alcanzar a duras penas tras despistarnos y salirnos campo a través por un manchurrón de aulagas, zarzas y jaras.

— Espero que no haya mas tramos como este, estoy hasta las narices de tanto pincho. 
— Tranquilo a partir de aquí tenemos un largo trecho más cómodo, se acabó lo malo (mentira). 

El plan es recorrer la pista forestal, luego continuar por la senda que va a la Fuente de los Ganados, y por otro camino rodear el Yelmo Chico hasta La Capellanía. Pero tras un rato de alpargatazo aburrido bajo un sol cada vez más abrasador nos fijamos en la fiera silueta de la cima del Yelmo, que se nos aparece tras salir de una curva cerrada.

— Oye, pues que sepas que es una pena que no vayamos a subir ahí.
— Un poco más allá hay una senda que remonta hacía arriba. Pero teniendo cuatro días y muchos kilómetros por delante, creo que es mejor dejarlo para otra ocasión. 
— Tu vienes mucho por estas sierras, pero a saber cuando lo volveré a hacer yo. Ya que estamos aquí ... 
— Eres un liante ... Subamos. Un poco más adelante tenemos los mojones que marcan el inicio de la senda.

Bosque en la subida al Yelmo
Subida por Los Castellones

Donde el camino tiene vistas a la cercana aldea de El Robledo parte una pina senda que trepa por Los Castellones hasta la cumbre. Unos 800 metros de desnivel que conseguimos negociar en menos tiempo de lo previsto.

Pantano del Tranco entre calima
Vistas al Pantano del Tranco

Conforme ganamos altura el calor aprieta menos y antes de darnos cuenta nos encontramos junto a las pistas de despegue de la cima del Yelmo, con sus fantásticas vistas al castillo de Segura de la Sierra y al Pantano del Tranco.

— Somos unos máquinas tío, ves como tampoco ha sido para tanto .. 
— A la tarde me lo dices ... 

Panorámica a vista de pájaro de Segura de la Sierra
Vistas a Segura de la Sierra

Vistas desde la cima de la montaña
Panorámica desde la cima del Yelmo

Después de tomar un bocado bajamos por la fantástica senda que se deja caer entre centenarios quejigos y encinas en busca de la Casa Forestal del Campillo. Me conozco este rincón de otras veces y me alegro que se salvara in extremis del incendio.

Descenso a la Casa Forestal del Campillo
Bajando del Yelmo

Tras un tramo de asfalto, otro de senda y conectar por fin con el camino que rodea el Yelmo Chico y Peña Rubia (por donde deberíamos haber pasado ya hace rato si hubiéramos seguido el plan previsto) entramos en la bonita aldea de La Capellanía.

Peña rocosa cercana a La Capellanía
Peña Rubia

Aldea de Hornos de Segura
La Capellanía

Un amable lugareño que nos mira como si fuéramos unos pirados nos indica donde está la fuente lavadero del pueblo, en el que nos refrescamos y llenamos nuestras botellas de agua que ya van en las últimas.

— ¿A donde vais con estas calores alma cándidas?. Os vais a achicharrar.

Tras despedirnos del señor tomamos la senda que por el margen izquierdo del Arroyo de las Aceitunas nos deja en Hornos a media tarde, llegando totalmente torrados y con más de una pequeña ampolla en los pies.

Hornos y su Castillo
Hornos de Segura

La tarde la pasamos tomando "refrigerios reconstituyentes" en la terraza del Bar el Cruce, un clásico del pueblo. Por la noche volvemos para hincharnos a raciones de ajoatao y otros productos segureños.


DIA 2: HORNOS - PONTONES


La improvisación del día anterior ha hecho mella en mis pies. Las ampollas que me salieron no son muy grandes, pero por su ubicación son de las puñeteras. Se que me van a dar guerra por mucho que tire de todos los trucos que me se para tratarlas. Me cuesta dar los primeros pasos. Mi compañero no está mucho mejor. Ha descubierto que se le está empezando a hacer un agujero en la suela de una de sus botas.

Aprovechamos que esta mañana hay mercadillo en el pueblo para buscar algún tipo de calzado del que pueda tirar en caso de que el estropicio llegue a consumarse. Tenemos claro que aquí no vamos a encontrar ningún calzado deportivo y mucho menos unas botas de montaña. Antes que quedarse descalzo en mitad de la sierra puede valer cualquiera cosa que pueda ponerse en los pies. Por fin encontramos en el puesto de una señora unas esparteñas de su talla, a las que recurrir en caso de que se confirme la avería. La cara de la vendedora es un poema tras explicarle a donde vamos y para que queremos el producto que le acabamos de comprar. 

Las aguas del Pantano
Pantano del Tranco

Tras desayunar y comprar algo de provisiones salimos hacia Hornos el Viejo con la mañana muy avanzada.

Las aguas del Pantano rodeadas de bosque
Pantano del Tranco desde el Cordel

Desde Hornos el Viejo parte el Cordel de su mismo nombre ("Cordel de Hornos el Viejo") usado desde antiguo por los pastores transhumantes en su ir y venir desde Sierra Morena. Un paso histórico que nosotros vamos a recorrer esta mañana para internarnos en las alturas de las sierra.

Vistas desde el Cordel de Hornos el Viejo
Peña Mujo y Las Banderillas a lo lejos

Tras rodear el Cerro del Robledillo, siempre con espectaculares vistas al Pantano del Tranco y a la Sierra de las Lagunillas, alcanzamos el Cortijo de la Hoya del Cambrón y, un poco más allá, la carretera de la cumbre.

— Vamos a parar a descansar aquí a la sombra de estos pinos, que ahora tenemos por delante un buen trecho de asfalto que nos va a poner en nuestro sitio —
— Me parece bien —

Cortijo solitario en la Sierra de Segura
Hoya del Cambrón

Con el cuerpo algo repuesto continuamos durante un rato por el ardiente asfalto en busca de un camino de tierra que según los mapas que he consultado nos tiene que conducir de forma cómoda hacia el Cortijo del Masegoso Alto. Cuando por fin alcanzamos el camino deseado nos topamos con una cancela que cierra el paso y un cartel en no muy buen estado que avisa de la presencia de ganado bravo (1)

— Lo que nos faltaba... 
— ¿En esta sierra hay toros?.
— Si. Los he visto en los meses cálidos en Cañada Hermosa y también más allá de Santiago de la Espada, en las caídas al Rio Zumeta. Pero de esto no tenía ni idea.
— Entonces.¿Que alternativas tenemos?.
— Podemos regresar a la carretera y seguirla en bajada hasta las Casas de Carrasco. Pero por ahí no hay ni un metro de sombra y nos vamos a cocer.
— ¿Y por aquí sería mejor?.
— Seguro que hace menos calor. Por aquí, si no nos empitona un toro, se llega al Masegoso y luego al Rio Segura, donde podemos refrescarnos. Hasta Pontones solo nos quedaría un paseo.
— Creo que vale la pena arriesgarse ... 

Dejamos atrás la cancela y tras caminar unos pocos metros, a la vuelta de una curva cerrada del camino, encontramos de sopetón al menos media docena de morlacos de gran tamaño, tendidos mientras sestean junto a un abrevadero. No parece importarles que estemos allí. Pero no son los toros lo que más nos preocupa. Un poco más allá hay dos mastines enormes que, al contrario que los toros, se han percatado de nuestra estúpida presencia y no nos quitan la vista de encima.

— Esto mejora por momentos .. 
— Vamos a salirnos hacia la derecha por entre esos majuelos, alejándonos lo más posible de ellos. Si se nos arrancan no salgas a correr, quédate quieto y trata de no mirarlos a la cara. Si el asunto se pone feo usa los bastones y reza un padre nuestro.

El plan nos sale bien y un poco más abajo nos reincorporamos de nuevo al camino que recorremos a toda pastilla (por si se nos venían detrás) hacia el Masegoso y el Rio Segura. Matchball salvado. Metemos los pies en las frias aguas del rio y descubro que tengo una nueva ampolla y de las grandes, esta vez en la zona de los metatarsos. El agujero de la bota de mi compañero también va a más. Mal asunto.

Tras volver a calzarnos recorremos lo que nos queda de camino hasta Ponton Bajo, donde en la terraza de un bar nos clavamos tres coca colas por barba en menos de 5 minutos causando el asombro del personal allí reunido.

Camino junto al rio en dirección a Pontones
Camino junto al Rio Segura

Pontón Bajo y el Rio Segura
Pontón Bajo

Por la noche nos llevamos el mayor chasco de la travesía. Tenemos la ilusión de reventarnos a cenar en alguno de los dos increíbles bares que hay en el pueblo, pero cierran las noches de los días de entre semana. Decepcionados acudimos a otro más discreto que al menos nos hace el avío para recargar fuerzas.


DIA 3: PONTONES - LAS BANDERILLAS - BOROSA


Antes de que amanezca ya estamos desayunando en uno de los bares/restaurante que estaba cerrado la anterior noche. Entre pecho y espalda nos metemos dos tostadas de tomate con aceite del tamaño de un portaaviones y su preceptivo café para ponernos las pilas.

Primeros rayos de sol en las aldeas
Amanece en Fuente Segura

Hoy tenemos la etapa más larga con diferencia y queremos ir sobrados de tiempo. Vamos contentos porque aquí arriba hace frio (llevamos puestos los polares y la capucha) y nuestros castigados pies lo agradecen.

Reflejos en el agua del nacimiento
Nacimiento Rio Segura

Casi sin darnos cuentas estamos en el Nacimiento del Rio Segura. A muy buen ritmo recorremos todo el camino de los miradores, donde tenemos las primeras vistas a la silueta de Las Banderillas.

Esbeltos pinos de tronco plateado
Pinos Laricios

Primera vistas de la montaña
Asoman Las Banderillas

Antes de que el carril se deje caer hacia la Hoya del Ortigal nos salimos campo a través para rodear el Morro del Cagasebo.

Campo a través
Rodeo del Morro del Cagasebo

El fuerte ritmo que hemos puesto durante las primeras horas comienza a hacerme mella y, tras una parada para tomar un trago y picar algo, me surge un fuerte dolor en un punto por debajo del tobillo. Lo achaco a que no estoy pisando con naturalidad por las puñeteras ampollas.

— ¿Cómo va el agujero en las botas?.
— Algo más grande, Pero ahí va, aguantando.

Reanudamos la marcha para enlazar con el camino que los vigilantes del Infoca usan para subir a la garita situada en la cima de Las Banderillas, con vistas a Pinar Negro a nuestra izquierda.

Vistas a Pinar Negro y a los Campos de Hernan Pelea
Subida con Pinar Negro a la izquierda

Vistas al Castellón de los Toros y a la Sierra de las Villas
Castellón de los Toros

En un plis plas nos vemos en el vértice geodésico desde el que disfrutamos de las sublimes vistas en todas las direcciones, olvidando por un momento los achaques y otras desgracias. Mi compañero alucina con la panorámica.

— Pues si que merece la pena subir hasta aquí.

Contemplando la enorme panorámica
Mirando hacía el valle del Rio Guadalquivir

En el punto más alto
Vértice Geodésico 

Tras las pertinentes fotos nos dirigimos hacia las garitas donde pasamos a saludar al vigilante que se encuentra en la puerta. 

Sierra de las Villas y el Tranco
Fantásticas vistas

Una vieja y otra más moderna
Las dos garitas de Las Banderillas

Sin más tiempo que perder seguimos la cuerda de Las Banderillas en dirección sur, en busca del punto en el que hay que girar hacia el Tranco del Perro.

Siguiendo la cuerda de la montaña
Iniciamos descenso

Formación rocosa característica
Fraile de Las Banderillas

Antes de llegar al mítico paso nos cruzamos con un trail runner de Granada que nos dice que su mujer se ha lesionado, y que se encuentra algo más abajo esperándolo hasta que vuelva de la cima. Nos pide que le digamos que no tardará en bajar. No la vemos por ningún sitio.

Aproximación al paso del Tranco del Perro
Llegando al Tranco del Perro

Mítico paso de montaña
Tranco del Perro

Ya es media tarde y aún nos encontramos en el Collado de Roblehondo. Le explico a mi compañero las dos opciones que tenemos. Podemos tomar la senda hacia Los Villares, que nos dejará a la entrada de la pista del Rio Borosa. O bien podemos marcarnos una empinada bajada por Huelga Nidillo, volviendo junto al rumor del rio el resto del camino.

Al fondo el Picón del Haza
Collado de Roblehondo

Encinas en el Collado de Roblehondo
Encinas

Gana esta última opción y nos lanzamos por la veredilla que, entre encinas y tras dejar atrás un cortijo que sigue habitado, nos deja junto a la refrescante orilla del río.

Con las piernas y los brazos molidos (de ir haciendo fuerza con los bastones para descargar mi dolorido tobillo) pego un resbalón y sumerjo las botas por completo dentro de las frías aguas.

—¡ Lo que faltaba !.
— Lo que no nos pase estos días ... 

Me quito el calzado, escurro bien plantillas y calcetines, y los pongo a secarse un rato al sol ante la curiosa mirada de varios domingueros que bajan de las cascadas que hay más arriba. No tardo en volver a ponérmelas, pesando un kilo de más cada bota por seguir empapadas. La tarde va avanzando, aún tenemos que descender todo el Borosa, y luego continuar hasta el establecimiento donde tenemos reservado una habitación.

Aguas cristalinas
Cerrada de Elías en el Rio Borosa

Pasada la Cerrada de Elías, medio lisiado y el calzado del compañero empezando la etapa final de su desintegración, adelantamos a una pareja de jóvenes que al vernos con los mochilones nos piden información sobre otras rutas en los alrededores. Alucinan cuando les decimos que venimos desde Segura de la Sierra.

Con el sol ya poniéndose alcanzamos el aparcamiento de la Piscifactoría y la Torre del Vinagre.

— Pues aún queda un trecho por la carretera hasta donde tenemos el alojamiento.
— Que dices. ¿Está muy lejos?.
— Casi 3 kilómetros ... 
— La madre que me parió. A mi no me llames más eh .. 

A oscuras llegamos a los apartamentos donde estaban a punto de cerrar la cocina (¿Quién cierra la cocina a las 22:00 de la noche?) y sin tiempo para ducharnos ni nada, atufando a chotuno, damos cuenta de varias raciones de huevos fritos con patatas, chorizos, morcillas y chuletas que nos saben a gloria.

Con la panza llena es hora de hacer balance de daños. Aún nos queda la última etapa hasta Cazorla. Yo voy cada vez más renqueante, y no tengo claro si tras una noche reparadora y algún antiinflamatorio seré capaz de completarla con garantías. Por el agujero de la bota de mi compañero caben hasta tres de sus dedos y esta ultima etapa también le han salido ampollas en sus pies. Se prueba las esparteñas y vemos que con ellas es inviable los veinte y pico kilómetros que nos separan de La Iruela y Cazorla. En estas condiciones llegamos a la conclusión de que estamos más que satisfechos con lo que ya hemos hecho y que una retirada a tiempo es una victoria.

Con la decisión ya tomada hacemos una llamada a un gran amigo de Huesa que a la mañana siguiente nos recoge con su coche para llevarnos de vuelta al punto de partida en Segura de la Sierra. Junto a la piscina del pueblo damos cuenta de las últimas viandas, prometiendo volver en el futuro para conseguir llegar a Cazorla saliendo desde la Sierra de Segura (2)

________________

(1) No se recomienda en ningún caso atravesar la finca privada con ganado bravo como hicimos nosotros. Lo más sensato hubiera sido regresar a la carretera y seguir hacia las Casas de Carrasco.

(2) 5 años después, con más experiencia en este tipo de travesías (menos peso en la mochila, descartar el verano, no improvisar, etc..) se cumplió la promesa de llegar hasta Cazorla. En vez de Segura de la Sierra se optó por empezar desde Siles, aún más lejos, recorriendo el Parque Natural de norte a sur, pero esa es otra historia.

Comentarios