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NAVACHICA Y LOS ALTOS DE LA MINA DESDE PEÑA ESCRITA

Subida en solitario al vértice de Navachica (1831 m.), punto más alto de la Sierra de la Almijara, con un frente frío pisándome los talones y algún que otro encuentro inesperado.

· SIERRA DE LA ALMIJARA (granada y málaga)
· OCTUBRE 2015 (ARCHIVO)
· 14,58 KM
· DESNIVEL: 801 d+ / 801 d-
· TRACK (sIN GPS)

Hay sierras y montañas que por alguna razón les tienes un aprecio especial. La Almijara ha formado parte de "mi paisaje" desde que comencé a enderezar los pasos y me ha acompañado hasta hoy. Su afilada e imponente silueta, que arranca a pie de playa en los acantilados de Cerro Gordo y se interna altiva hacia el interior, siempre estuvo y estará en mi horizonte.

Desde que tengo uso de razón los ojos siempre se me fueron  hacía allá arriba, sobre todo cuando veía sus crestas teñidas de blanco tras algún temporal de poniente. Me fascinaba cualquier historia sobre esa sierra que escuchaba a los mayores y devoraba todo documento ó noticia relacionado con ella, cualquiera que fuese su temática (resineros, los terribles incendios etc.). En el cálido otoño de 2015, ya con muchos pateos en mis piernas, me propuse llegar a su punto más alto, aquel sobre el que tantas veces había echado a volar mi imaginación. A partir de aquí paso a relatar en tiempo presente lo que recuerdo de la experiencia de aquel día.  

Aún es de noche cuando arranco el coche para dirigirme al punto que he seleccionado para comenzar la ascensión. Con los nervios no he dormido bien la noche anterior e incluso he llegado a plantearme dejarlo para otra ocasión. Aunque ya he hecho muchas rutas en solitario, entre ellas la de su vecino Pico del Cielo, no se si es buena idea internarme en solitario por una zona tan abrupta, alejada de todo y probablemente con mala cobertura. Durante el trayecto conduciendo voy escuchando el Eclipse de mis adorados Amorphis y por arte de magia las dudas se disipan. 

Sin darme cuenta ya he subido la infernal carretera que desde Almuñécar trepa hasta Peña Escrita, un zoológico que hay colgado a más de mil metros en lo alto de la sierra. Es la primera vez que estoy en este lugar, pero he escuchado historias truculentas del mismo y se que está en pleno proceso de desmantelamiento (1) por las infames y pésimas condiciones de los animales. Sin bajarme del coche me voy cabreando al ver a ambos lados todo tipo de fauna en diversas estancias y jaulas (aquí hay osos, una tigresa, lobos, monos, gamos, ciervos, etc. e incluso un hipopótamo.... si, un hipopótamo en un peñasco colgado a mil metros de altitud), pero sigo hacía la parte alta donde hay un pequeño aparcamiento, que es donde voy a empezar a caminar. 

Allí no hay ni un solo coche, pero cuando estoy sacando la mochila del maletero llega un grupo de tres montañeros almerienses con quienes intercambio algunas palabras (alucinan con que vaya a hacer la subida en solitario) y poco después un guiri mayorcete, vestido como Tintín y que también va a subir sin compañía. 

Vistas al antiguo zoo de Peña Escrita
Peña Escrita

Echo a andar el primero ya cuesta arriba a muy buen ritmo. No quiero llevarlos todo el rato detrás — no me gusta que me vayan pisando los talones — y casi sin darme cuenta ya he llegado a la enorme verja del tamaño de la de Jurassic Park que rodea todo el perímetro del zoo. A través de unas escaleras consigo superar la valla, miro hacía atrás y veo que los otros también están en marcha pero muy alejados. Tiro para arriba y llego al primer punto problemático de la ascensión. Tengo que localizar una veredilla que a media ladera hace un giro hacia el norte, para luego remontar a la cuerda de la sierra. Según el mapa que traigo impreso (en esta fecha aún iba en modo purista, y renegaba del GPS) debería tenerla por aquí mismo, pero no la encuentro por ningún lado, así que decido continuar todo directo hacia el Puerto de la Orza, que queda muy cerca del Cerro del Barranco del Pino. Es un camino más largo, pero es lo que hay. Me van saliendo al paso varios grupos de montesas, que por aquí las hay y muchas.

Amplia panorámica
Vistas a la sierras de los Guájares y Lújar

De esta forma consigo llegar a la divisoria y pese a que aún me queda un largo trecho hasta el Navachica se que desde aquí no hay pérdida posible. Estoy disfrutando de un día estupendo, las previsiones de los modelos meteorológicos anuncian la llegada de un frente a última hora de la tarde, pero tengo tiempo de sobra. Para celebrarlo me quito la mochila y saco algunas de las viandas que traigo para reponer fuerzas. Doy buena cuenta de un plátano, de unos frutos secos, y cuando me dispongo a sacar la botella de agua veo una víbora en un roca casi rozándome el pantalón. Con el corazón a mil cojo la mochila con cuidado y evitando cualquier movimiento brusco, doy varios pasos hacia atrás. Cuando estoy alejado varios metros por fin me relajo y pienso la buena suerte (ó mala según se vea) que he tenido. No quiero imaginar lo que habría supuesto una picadura aquí en mitad de la nada y en solitario. 

Escondida tras una roca
Víbora hocicuda

Con el cuerpo arreglado y repuesto del susto, recorro la cuerda de la sierra a través de una senda muy marcada y señalada con algunas flechas de color azul, quedándo la provincia de Málaga a la izquierda (Barranco de los Cazadores, Almendrón, etc.) y la de Granada, que es de la que vengo, a la derecha. Voy disfrutando a tope por aquí y pienso que menos mal que no me dejé llevar por los miedos del día anterior.

Vistas a la vertiente de Málaga
Vistas al Barranco de los Cazadores

Siguiendo las flechas
Flechas azules en lo alto de la cuerda

Antes de lo que tenía previsto estoy junto al vértice geodésico, el sitio que tantas veces había imaginado desde crio. Las vistas son impresionantes, sobre todo a la profunda herida del Barranco de los Cazadores y a la brutal raspa que cae desde los Altos de la Mina hacia el Almendrón. Al fondo del todo el azul del Mar de Alborán.

Bastones apoyados en el vértice geodésico
Vértice geodésico Navachica

Para hacer vivac en la cima
Corraletas

Me recreo aquí y allá haciendo un montón de fotos a los cuatro puntos cardinales. Como he subido a piñón y no veo que vengan cerca los almerienses ni el guiri para que me hagan el favor de hacerme una foto, recurro al disparo automático de la cámara para inmortalizar el momento.

Autofoto con el disparador automático
Foto con el disparador automático de la cámara

Mientras como algo los ojos se me van a los Altos de la Mina y al Almendrón. Me muero de ganas de acercarme al primero para asomarme desde el filo del cortado al colosal boquete que hay allí hacía el Rio Chillar, con más de mil metros de caída libre. Tras un rato de sopesar los pros y los contras, como veo que voy bien de tiempo, parece que no hay mal terreno y la meteorología sigue aguantando (pese a algunas nubes que comienzan a aparecer...), al final me decido a ir para allá. 

Empiezan a aparecer más nubes
Por Navagrande hacía los Altos de la Mina

Pierdo algunos metros entre helechos por la zona de Navagrande y, tras dejar atrás una mancha de encinar, negocio los últimos pasos hasta los Altos de la Mina. No tengo suerte y desde allí no se ve nada. Al otro lado descubro unos oscuros nubarrones estampándose contra los cortados de la montaña que me impiden contemplar el Rio Chillar. No me preocupo porque pienso que son las nubes que van de avanzadilla del frente, que como vienen por poniente se acumulan en esa vertiente de la montaña, y no creo que vayan a volcar hasta esta parte. Aquí también me harto a hacer fotos y en esas estoy cuando escucho lo que parece un trueno. De seguido escucho otro, y las nubes empiezan a rebosar hacia mi posición. "Tengo que salir de aquí pero ya", pienso. 

Se observa el Almendrón rodeado de nubes
Asomado en los Altos de la Mina

La lluvia se ha adelantado por mucho a las previsiones. Se esperaba a última hora del día y resulta que tengo una tormenta acercándose antes de las una de la tarde. Cojo la mochila y deshago el camino de vuelta al Navachica a toda pastilla. Desde aquí con la adrenalina se me olvida por completo hacer fotos, acordándome de nuevo de la cámara ya casi al final. Antes de subir de nuevo al vértice miro al mapa y veo que si hago una escapada a media ladera y campo a través puedo conectar de forma más rápida con la senda de la divisoria por la que venido esta mañana. Pese a que atravieso algun trozo  complicado de andar el plan me sale bien, ahorrando un tiempo valioso para no llegar empapado y  recoger el coche (el zoo cierra a media tarde). 

En mitad de la senda me encuentro a los almerienses, que como yo ya vienen de vuelta. Están allí parados tomando un bocado. Les pregunto donde han dejado al guiri. Me dicen que viene por detrás, justo por el trayecto que me acabo de ahorrar. Ellos me preguntan de donde vengo, que no me han visto en el Navachica. Les explico mi pequeña improvisación hacia los Altos de la Mina y que viene lluvia. Ellos me dicen que van a seguir hacia el Pico del Cielo. Les aconsejo que no lo hagan por tres motivos. El primero es que entre el Puerto de la Orza y el Cielo se que hay un terreno que no es tan fácil de andar. El segundo es que les va a pillar la tormenta. Y el tercero, que les van a cerrar la cancela del zoo y no van a llegar a tiempo para salir de allí con su coche. Los dejo debatiendo que hacer y me despido para seguir descendiendo (meses después vi su track en Wikiloc y efectivamente se dieron la vuelta a medio camino). En un recodo veo unos hitos que deben ser los de la senda que no localicé esta mañana.  

Grandes barrancos y las casas de La Herradura junto al mar
Barrancos y La Herradura

Me dejo caer por ahí y ya lloviendo atravieso un barranco muy metido en malezas por donde llego al rincón en el que estuve buscando sin éxito a primera hora de la mañana. Desde ahí en un plis plas llego a la verja y al aparcamiento donde tengo el coche. Dejo las cosas en el maletero y allí mismo, inmensamente satisfecho por los planes que salen bien, doy cuenta de toda la comida y bebida que me quedaba.

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(1) El zoo de Peña Escrita siguió con animales durante más años, en un estado cada vez más lamentable, pese a que la Junta de Andalucía había ordenado su cierre en el año 2008. En un proceso lento y tedioso en el que el Ayuntamiento de Almuñécar no actuó con la diligencia que la situación requería los animales se fueron reubicando en otros zoos y refugios gracias a FAADA (Fundación para el Asesoramiento en  Defensa de los Animales) y otros, saliendo los últimos en el año 2021. No he vuelto a ir por allí, pero tengo entendido que querían reabrirlo como un espacio para el Turismo Rural. Desconozco si en la actualidad se podrá acceder hasta el aparcamiento donde se dejaban los coches, así que si quieres subir al Navachica desde allí se recomienda informarse antes.  

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