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Travesía de Cabra a Priego de Córdoba - Subbética Cordobesa

Sierra de los Filabres
Travesía de cuatro jornadas entre Cabra, Zuheros, Luque, Carcabuey y Priego de Córdoba, recorriendo buena parte del Parque Natural de las Sierras Subbéticas, y visitando rincones destacables como la Nava de Cabra, el Pico Abrevia, Las Buitreras ó el Arroyo de Jaula. 

· sierras subbéticas (córdoba)
· marzo/abril 2025 (ARCHIVO)
· 75,88 KM
· DESNIVEL: 2213 d+ / 2076 d-

· TRACK

Apenas se había estrenado la primavera de 2025, cuando ya iba tocando la quedada anual con Manuel, de Huesa (Jaén), antiguo compañero de la Facultad de Derecho de Granada. Allí forjamos una sólida amistad trapicheando con apuntes de aquellas sufridas compañeras que, al contrario que nosotros, asistían a clase sin falta.

Este año habíamos acordado hacer una travesía en la Subbética cordobesa que, como siempre, me había encargado de diseñar a base de mirar muchos mapas y otras fuentes. El final del invierno vino muy lluvioso, obligándonos a posponer la actividad varias ocasiones.

Cuando por fin vimos un hueco entre tanto temporal, quedamos en reunirnos en Priego de Córdoba el último viernes del mes de marzo. Tras los saludos de rigor, ejercer de improvisado guía turístico por las calles del bonito pueblo (no era mi primera vez allí), cenar, y la retirada a nuestros respectivos aposentos, llegó el día de la primera etapa.

DIA 1: CABRA - NAVA DE CABRA - ZUHEROS

Tras pegarnos un madrugón, hemos dejado aparcado de forma estratégica uno de nuestros vehículos en las calles de Priego por donde, si todo va bien, asomaremos días después al finalizar la caminata. Como la travesía es lineal, el otro coche nos lo vamos a llevar a Cabra, el punto desde donde vamos a empezar a andar.

Antes de dirigirnos hacia allí, tenemos que localizar algún bar en el que cargar las pilas con un buen desayuno. En la calle principal no encontramos nada abierto, algo raro siendo sábado por la mañana. Le preguntamos a un lugareño, que muy amable nos da señas de uno muy recomendable.

Al llegar al sitio encontramos no uno, sino dos negocios, y nos metemos en el que nos pilla más cerca. Al poner los pies dentro, encontramos una cuadrilla con aspecto de tener más antecedentes penales que El Torete, que nos clavan la mirada al vernos entrar con la indumentaria que llevamos. Tiene pinta que nos hemos equivocado; el correcto era el otro, pero ya es tarde para recular. Empezamos bien.

Acabamos el desayuno y ponemos rumbo a Cabra donde, tras aparcar, comenzamos nuestra aventura.  

Muy empinado
Camino de la Ermita Virgen de la Sierra

Nos echamos las mochilas a la espalda y damos los primeros pasos siguiendo el camino que, entre olivares, se dirige a la ermita de la Virgen de la Sierra. La mayor parte del tiempo vamos subiendo de forma cómoda, hablando de nuestras cosas y batallitas, pero de sopetón aparece un tremendo cuestarrón —foto de arriba— que nos hace sufrir lo indecible.

Junto a la Fuente de la Viñuela hacemos la primera parada para beber, comer algo y recuperar el aliento.

—Cabronazo, espero que el resto del día no sea así. Que ya soy un señor mayor.
—Ya está hecho. Después de la subida ya viene un largo llano por la Nava, y después todo es bajada hasta Zuheros. 
—No se yo …

Diferentes pilones con agua fresca
Fuente de la Viñuela

Tras descartar subir al cerro donde está la ermita, nos dejamos caer unos pocos cientos de metros por la carretera asfaltada en busca del parking de la Nava de Cabra. Allí nos sorprende una cantidad exagerada de coches y caravanas, de toda la gente que ha venido a hacer la ruta típica hasta Las Chorreras.

—¿No había un cupo aquí, tío? 
—Eso mismo me estaba preguntando...

Nos extraña ver tanta gente cuando necesitas una autorización del Parque Natural si quieres meterte por allí, para no masificar el paraje. Nosotros la traemos, pero dudamos que los cientos de domingueros que llevamos tanto por delante como por detrás, haya hecho lo mismo. No parece importarle a los responsables, por allí no asoma nadie a controlar tal desmadre.

Intentamos seguir a lo nuestro y los ojos se nos van al impresionante verdor de la nava. Estuve aquí al principio del otoño, hace cinco años, y lo que vi no se parecía en nada a la estampa que hoy estoy contemplando.

Más seco
La Nava hace cinco años

Mucho verde
La Nava tras las lluvias

Sabemos que por aquí lleva un mes y pico sin parar de llover, y que ha caído una cantidad que llevaba tiempo sin verse por estos rincones. El carril está perfecto, pero a ambos lados el terreno no puede tragar más agua, por lo que hay grandes zonas inundadas, con incontables florecillas por todos los lados. Esta es la cabecera del Río Bailón, que veremos correr más abajo. 

Impresionante aspecto
Mucha agua …

Muchas flores
… y mucho verde. 

Aquí y allá, en las zonas no anegadas, vemos animales de las fincas cercanas pastando a sus anchas. 

Verdes pastos
Ovejas careando

Mucha agua por todos los lados
Primeras aguas del Río Bailón

Llegamos al cruce hacia Las Chorreras, que es adonde va toda la procesión de gente que venimos viendo. Nuestro track continúa de frente pero, para no ser menos y ya que estamos aquí, los seguimos para echar un vistazo.

—Esto parece una rave, tío. 

El rincón es bonito y la cascada tiene un buen caudal, pero el gentío por todos los lados, con altavoces portátiles a todo volumen, nos corta el rollo.


Caida de agua
Las Chorreras

Tras un rato intentando sacar una instantánea sin que aparezca algún anormal estropeando el encuadre, por fin consigo una toma medio decente y salimos huyendo de allí.

Regresamos al cruce y, ya en solitario, seguimos de frente por lo que queda de nava. Tras un pequeño repecho, donde nos cruzamos con algunas vacas con cara de pocos amigos, descendemos hacia la magnífica Fuente de Fuenfría, de la que brota una cantidad impresionante de agua.


Bonita Era
Era en la Nava de Cabra

Gran caño de agua
Fuente de Fuenfría

Junto al rumor del agua nos sentamos a comer. Mientras reponemos fuerzas vemos grupos de senderistas que paran allí tras regresar de otros rincones, pero nada que ver con el esperpento que habíamos contemplado minutos antes.

—Desde aquí ya todo es para abajo. ¿Ves como no te estaba engañando? 

—Hasta que no me vea en Zuheros, no me fío un pelo.

Nos dejamos caer a través del espectacular cañón del río Bailón y, tras un recodo de la senda, por fin vemos las blancas paredes del pueblo.


Fantástica vereda
Cañón del Río Bailón

Foto de grupo
Foto de grupo llegando a Zuheros

Pasamos la tarde descansando y, llegada la noche, nos acercamos al restaurante, en el que tenemos una reserva. Mientras nos atiborramos a cenar, nos enteramos de que, justo por donde tenemos que tirar la mañana siguiente, hay dos carreras de montaña.

—Lo que nos faltaba.
—No jodas, ¿y ahora qué?

Como no tenemos ni idea de si podremos hacer el recorrido previsto, antes de irme a dormir, me entretengo un rato con el mapa del IGN mirando posibles alternativas. Ninguna, por motivos diferentes, me convence tanto como la que traigo preparada.


DIA 2: ZUHEROS - PICO ABREVÍA - LUQUE


Al día siguiente, antes de desayunar y decidirnos por alguna de las opciones, nos acercamos a la plaza del Castillo. Presenciamos la salida de la primera de las carreras y, antes del inicio de la segunda, nos acercamos a hablar con uno de los que parece que organizan aquello, al que le explicamos la situación.

—No hay problema tíos, tirad por donde teníais previsto. Mientras dejéis espacio cuando os crucéis con los corredores, no hay problema alguno.

Este muchacho consigue que me reconcilie un poco con este tipo de carreras. Les tengo muy poco aprecio, por no decir manía, tras encontrarme, en mis salidas a la montaña, incontables balizas de plástico que se olvidan de retirar cuando finalizan las competiciones. Se que la mayoría son biodegradables, pero me toca mucho los huevos que no las retiren. 

Nos vamos a desayunar a uno de los bares del pueblo, a hacer tiempo mientras sale la segunda de las carreras. En cuanto los vemos pasar, apuramos el café y nos echamos las mochilas a la espalda. 

Hoy, en la segunda etapa de la travesía, vamos a subir al Pico Abrevia. Desde el mismo Zuheros parte una fantástica senda que remonta hacía la Cañada de la Laguna.

Precioso pueblo
Le decimos adiós a Zuheros

A mitad de la ascensión comienzan a aparecer los corredores que van en cabeza. No tarda en llegar el grueso del pelotón, al que dejamos pasar apartándonos, e incluso nos ponemos a animar a los que vienen más colorados que un tomate. Después de un rato vemos venir a varios de la organización retirando los dichosos plásticos; ojalá lo hicieran así en todos los lados. 

Muy verde el paisaje
Detalle de la senda y sus vistas

Casi sin darnos cuenta alcanzamos la Cañada de la Laguna, que nos recibe con una era muy bien conservada, y un color verde intenso. 


Fantastica construcción
Era en la Cañada de la Laguna

Amplia cañada
Llegando a la Cañada de la Laguna

Alcanzamos la laguna que le da nombre a la cañada, que luce sus mejores galas con las abundantes lluvias de las semanas anteriores. 


Agua por todos los lados
La laguna de la cañada

Verde y más verde
Tremendo el panorama de este rincón

Desde la cañada nos vamos desviando a la derecha para remontar campo a través, por terreno fácil, en busca del vértice geodésico del Pico Abrevía, de 1129 metros. 

Llegando a la cima
Manuel negociando los últimos metros

Por donde pasamos el día anterior
Al fondo, el Cerro de la Ermita de la Virgen

Pese a ser un humilde cerro —en cuanto a su altitud— nos sorprende sus fabulosas vistas, sobre todo hacia la inmensidad de la campiña, entre la que destacan las manchas blancas de las casas de algunos pueblos cercanos como Doña Mencía y Baena.

En la cumbre
Manuel en la cima del Abrevia

Enormes panorámicas
Vistas desde el Abrevia

En la cima
Posando en el vértice geodésico

Tras un merecido descanso y hacer fotos en todas las direcciones, sabemos que ahora nos toca un vertiginoso descenso hacia la Vía Verde de la Subbética.

Hacia Doña Mencía
Inicio del descenso

En todo momento seguimos una marcada senda, muy bien trazada, y con estupendas vistas a Doña Mencía.

Hacia la vía verde
En plena bajada

En mitad del descenso sorprendemos a un tipo bajo unas encinas con una actitud sospechosa. No lleva mochila, ni parece un pastor. Al vernos aparecer, se pone a disimular, sale de la espesura a la senda y aligera el paso —siempre por delante de nosotros—.

—¿Qué andaría haciendo ahí?
—Uff, creo que prefiero no saberlo…

Cerca de Doña Mencía
Fuente de Las Pilas

Bonito pueblo blanco
Doña Mencía

Tras pasar junto a la soberbia Fuente de las Pilas, damos por finalizada la bajada. Intentamos pillar mesa en un restaurante cercano con excelentes reseñas, pero, como una de las camareras nos dice que tenemos que esperar más de una hora, al final improvisamos un picnic en una de las mesas del merendero de la propia Vía Verde.

Muy bonito su trazado
Vía Verde de la Subbética

A través de la misma, que sigue el trazado de una antigua vía férrea, pasamos bajo Zuheros y seguimos en dirección a Luque. El primer tramo se nos hace muy agradable, con algo de sombra y todo llano. Pero la subida a Luque, por el arcén de la carretera y un calor asfixiante, se nos hace bola y entramos en el pueblo al borde del colapso.

La tarde la pasamos descansando y buscando —un domingo— algún comercio abierto donde comprar algo de comida. De pura chiripa, en mitad de Luque, encontramos una máquina expendedora donde queda un solo paquete de chorizo. Parece una tontería, pero no lo es. La tercera etapa es la más larga y, al no tener necesidad de esperar a que abran los comercios el lunes por la mañana, podemos madrugar todo lo que queramos.

A la vuelta de cenar en una pizzería —lo único que había abierto—, nos cruzamos en plena calle con el mismo muchacho de la organización de la carrera al que, por la mañana, le habíamos preguntado si se podía pasar. Le detallamos lo que venimos haciendo desde que salimos de Cabra y los planes que tenemos el día siguiente para ir a Carcabuey. Nos aconseja tirar por un determinado sitio, mucho más montañero; se lo agradecemos, pero lo descartamos porque nos suponía demasiada paliza y todavía nos iba a quedar la última etapa.  


DIA 3: LUQUE - LAS BUITRERAS - CARCABUEY


Todavía no ha aparecido el sol cuando ya estamos en un bar a la salida de Luque, metiéndonos entre pecho y espalda unas raciones de churros que nos saben a gloria. 

Salimos del local ya con las primeras luces y, con semejante chute de energía, vamos adelantando como aviones a los grupos de señoras que salen a pasear con el fresco.

Primeras luces en los olivos
Amanece en Luque

Hoy tenemos predicciones de altas temperaturas, muy elevadas para la época. No queremos complicarnos la vida y tomamos la larga pista que, desde Luque, sube poco a poco para colarse entre el cerro Abuchite y la sierra de la Lastra.

Conforme vamos subiendo la fuerza del aire va en aumento, siendo ya un vendaval en el cambio de vertiente. 

Fincas ganaderas
Dehesas de la Subbética

Vamos dejando atrás diversas fincas, en las que observamos excelentes ejemplos de paisaje adehesado. Mirando hacia el sur, también vemos la sierra de Alhucema y la sierra de la Horconera, en la que destacan el Bermejo y La Tiñosa.

La otra gran formación de la sierra
Mirando hacia el sur

Cortijadas tradicionales
Cortijadas

La amplia pista de pronto hace un marcado giro y, a la derecha, observamos los cortados de Las Buitreras, donde anida una de las principales colonias de estas aves carroñeras dentro del Parque Natural.

Desde el olivar
Las Buitreras

Desde la pista
Otra de Las Buitreras

Continuamos el descenso y nos encontramos un curioso lugar en el que unas pilas reciben el agua que sale a presión de una tubería en altura. Al finalizar la etapa, averiguaré que se trata de la "Gancha de Bernabé", un aliviadero de la conducción de aguas que abastece a Carcabuey. Se encarga de liberar el exceso de presión de la tubería para evitar que reviente.

Aliviadero
Gancha de Bernabé

Unos cientos de metros más abajo nos topamos con la carretera que va de Cabra a Priego, de la que no nos separamos, siguiendo un camino de tierra paralelo hasta un punto en el que la cruzamos con precaución debido al intenso tráfico.

Empalmamos con el que baja hasta el Puente Califal, que nos permite pasar al otro margen del Río Palancar. Después de la preceptiva parada para reponer fuerzas y bajar la temperatura corporal a la sombra, tomamos una empinada senda que nos conduce a una pista que, ya sin pérdida, nos lleva hasta la entrada del bonito pueblo de Carcabuey.

A media tarde, mientras mi compañero se da una vuelta de reconocimiento por el pueblo, yo, que vengo torrado perdido, prefiero quedarme descansando hasta la hora de la pitanza, en la que, para no variar, nos reventamos a cenar.

DIA 4: CARCABUEY - PRIEGO DE CÓRDOBA


Es el último día de la travesía y volvemos a pegarnos un madrugón de aúpa. Queremos estar en Priego de Córdoba justo al medio día, para comer allí y luego tener tiempo de sobra para regresar a nuestros respectivos destinos. 

Desde Carcabuey a Priego hay poca distancia, y podríamos estar allí antes de media mañana. Pero he diseñado un pequeño rodeo, para hacer la etapa final más interesante. 

Bonito pueblo
Nos despedimos de Carcabuey

Salimos del pueblo en busca de la Fuente Dura, cuyo nombre le viene por aguantar con agua incluso en épocas de mucha sequía. 

Agua fresca
Fuente Dura

Alrededor de la Sierra de los Pollos que hay varios senderos balizados; uno de ellos, el que pasa por El Hogazal, es el que vamos a utilizar para empalmar con la carretera que va por Puerto Cerezo.

La senda, tras rodear varios olivares en los que escuchamos el ruido de las motosierras en plena poda, conecta con una pista de tierra. Este parece un rincón más, pero conforme va completando el rodeo a la sierra, comienza a obsequiarnos con unas impresionantes vistas al Bermejo.

Posando
Manuel y el Bermejo

Cada pocos metros las vistas van aumentando en belleza y no me permiten despegar el dedo del botón de la cámara de fotos.

Y un matorral
Foto de grupo


Excelente pose
Otro fotón de Manuel y el Bermejo

Fotaza
Yo también quiero otra aquí …

Damos por finalizado el festival de fotos y seguimos avanzando en busca de la carretera de Puerto Cerezo. Nos esperan cerca de 3 kilómetros por asfalto, pero, por fortuna, apenas pasan coches.

Pasado el puerto, nos salimos de la misma para bajar por un carril de tierra que conduce al Arroyo de Jaula. Allí encontramos un precioso itinerario junto a la ribera del que vamos disfrutando hasta que, a la altura de un cortijo con la puerta abierta, vemos venir un mastín grande como un búfalo y con muy malas intenciones. Por fortuna, está atado por una gruesa cadena y el bicho se queda a escasos pasos de arrancarnos de cuajo los brazos. Una escena que nos recordó a la pesadilla vivida años atrás cerca de la Casa del Sagreo, en la Travesía de la Iruela a Arroyo Frío, con otro perro de la misma raza. 

Fantásticas
Vistas desde el Arroyo de Jaula

Tras finalizar el paseo junto al arroyo, giramos por otro camino que, tras un breve repecho, enfila hacia Priego de Córdoba. En los últimos kilómetros, de nuevo por asfalto y entre las primeras edificaciones del núcleo urbano, nos castiga un calor asfixiante que deja bajo mínimos nuestras cada vez más escasas fuerzas tras cuatro días de caminata. Tanto es así, que mi compañero comienza a flojear y está a punto de visitarle el tío del Mazo.

—¿Cuánto queda?
—Nada, ya estamos entrando en Priego.

Medio renqueantes llegamos al coche que dejamos en estas calles. Tiramos las mochilas al maletero, nos quitamos las botas y nos adecentamos algo antes de ir en busca de un bar a poner el colofón a la fantástica travesía que acabamos de completar. 

Echo un vistazo rápido a Google Maps en busca de los más cercanos y con mejores referencias. A unos pasos tenemos uno que cumple ambos requisitos. Llegamos allí y nos sorprende que, además de un bar, parece que también es la sede de la Peña Madridista de Priego de Córdoba que, como en cualquier rincón del mundo, es el punto de reunión de toda persona de bien de la ciudad. Tras tanto sufrimiento, casi se me cae una lagrimilla.

Pero quien está aún más emocionado es el muy pájaro de Manuel, que le ha echado el ojo a la guapa camarera. Mientras damos cuenta de varias exquisitas raciones de pescado, asisto asombrado al despliegue por parte del truhan de toda su artillería de tácticas de cortejo.

Tras esta comida, que por los motivos expuestos fue la mejor con diferencia de toda las jornadas, regresamos a Cabra en busca del otro coche. Allí chocamos la manos, y nos despedimos hasta la próxima ocasión. 

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