· marzo/abril 2025 (ARCHIVO)
· 75,88 KM
· DESNIVEL: 2213 d+ / 2076 d-
· TRACK
Tras pegarnos un madrugón, hemos dejado aparcado de forma estratégica uno de nuestros vehículos en las calles de Priego por donde, si todo va bien, asomaremos días después al finalizar la caminata. Como la travesía es lineal, el otro coche nos lo vamos a llevar a Cabra, el punto desde donde vamos a empezar a andar.
Antes de dirigirnos hacia allí, tenemos que localizar algún bar en el que cargar las pilas con un buen desayuno. En la calle principal no encontramos nada abierto, algo raro siendo sábado por la mañana. Le preguntamos a un lugareño, que muy amable nos da señas de uno muy recomendable.
Al llegar al sitio encontramos no uno, sino dos negocios, y nos metemos en el que nos pilla más cerca. Al poner los pies dentro, encontramos una cuadrilla con aspecto de tener más antecedentes penales que El Torete, que nos clavan la mirada al vernos entrar con la indumentaria que llevamos. Tiene pinta que nos hemos equivocado; el correcto era el otro, pero ya es tarde para recular. Empezamos bien.
Acabamos el desayuno y ponemos rumbo a Cabra donde, tras aparcar, comenzamos nuestra aventura.
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| Camino de la Ermita Virgen de la Sierra |
Nos echamos las mochilas a la espalda y damos los primeros pasos siguiendo el camino que, entre olivares, se dirige a la ermita de la Virgen de la Sierra. La mayor parte del tiempo vamos subiendo de forma cómoda, hablando de nuestras cosas y batallitas, pero de sopetón aparece un tremendo cuestarrón —foto de arriba— que nos hace sufrir lo indecible.
Junto a la Fuente de la Viñuela hacemos la primera parada para beber, comer algo y recuperar el aliento.
—Cabronazo, espero que el resto del día no sea así. Que ya soy un señor mayor.
—Ya está hecho. Después de la subida ya viene un largo llano por la Nava, y después todo es bajada hasta Zuheros.
—No se yo …
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| Fuente de la Viñuela |
Tras descartar subir al cerro donde está la ermita, nos dejamos caer unos pocos cientos de metros por la carretera asfaltada en busca del parking de la Nava de Cabra. Allí nos sorprende una cantidad exagerada de coches y caravanas, de toda la gente que ha venido a hacer la ruta típica hasta Las Chorreras.
—¿No había un cupo aquí, tío?
—Eso mismo me estaba preguntando...
Nos extraña ver tanta gente cuando necesitas una autorización del Parque Natural si quieres meterte por allí, para no masificar el paraje. Nosotros la traemos, pero dudamos que los cientos de domingueros que llevamos tanto por delante como por detrás, haya hecho lo mismo. No parece importarle a los responsables, por allí no asoma nadie a controlar tal desmadre.
Intentamos seguir a lo nuestro y los ojos se nos van al impresionante verdor de la nava. Estuve aquí al principio del otoño, hace cinco años, y lo que vi no se parecía en nada a la estampa que hoy estoy contemplando.
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La Nava hace cinco años
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Mucha agua …
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Ovejas careando
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Llegamos al cruce hacia Las Chorreras, que es adonde va toda la procesión de gente que venimos viendo. Nuestro track continúa de frente pero, para no ser menos y ya que estamos aquí, los seguimos para echar un vistazo.
—Esto parece una rave, tío.
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| Las Chorreras |
Tras un rato intentando sacar una instantánea sin que aparezca algún anormal estropeando el encuadre, por fin consigo una toma medio decente y salimos huyendo de allí.
Regresamos al cruce y, ya en solitario, seguimos de frente por lo que queda de nava. Tras un pequeño repecho, donde nos cruzamos con algunas vacas con cara de pocos amigos, descendemos hacia la magnífica Fuente de Fuenfría, de la que brota una cantidad impresionante de agua.
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| Fuente de Fuenfría |
Junto al rumor del agua nos sentamos a comer. Mientras reponemos fuerzas vemos grupos de senderistas que paran allí tras regresar de otros rincones, pero nada que ver con el esperpento que habíamos contemplado minutos antes.
—Desde aquí ya todo es para abajo. ¿Ves como no te estaba engañando?
—Hasta que no me vea en Zuheros, no me fío un pelo.
Nos dejamos caer a través del espectacular cañón del río Bailón y, tras un recodo de la senda, por fin vemos las blancas paredes del pueblo.
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| Foto de grupo llegando a Zuheros |
Pasamos la tarde descansando y, llegada la noche, nos acercamos al restaurante, en el que tenemos una reserva. Mientras nos atiborramos a cenar, nos enteramos de que, justo por donde tenemos que tirar la mañana siguiente, hay dos carreras de montaña.
—Lo que nos faltaba.
—No jodas, ¿y ahora qué?
Como no tenemos ni idea de si podremos hacer el recorrido previsto, antes de irme a dormir, me entretengo un rato con el mapa del IGN mirando posibles alternativas. Ninguna, por motivos diferentes, me convence tanto como la que traigo preparada.
Al día siguiente, antes de desayunar y decidirnos por alguna de las opciones, nos acercamos a la plaza del Castillo. Presenciamos la salida de la primera de las carreras y, antes del inicio de la segunda, nos acercamos a hablar con uno de los que parece que organizan aquello, al que le explicamos la situación.
—No hay problema tíos, tirad por donde teníais previsto. Mientras dejéis espacio cuando os crucéis con los corredores, no hay problema alguno.
Este muchacho consigue que me reconcilie un poco con este tipo de carreras. Les tengo muy poco aprecio, por no decir manía, tras encontrarme, en mis salidas a la montaña, incontables balizas de plástico que se olvidan de retirar cuando finalizan las competiciones. Se que la mayoría son biodegradables, pero me toca mucho los huevos que no las retiren.
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| Le decimos adiós a Zuheros |
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| Detalle de la senda y sus vistas |
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| Era en la Cañada de la Laguna |
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| Llegando a la Cañada de la Laguna |
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| La laguna de la cañada |
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| Tremendo el panorama de este rincón |
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| Manuel negociando los últimos metros |
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| Al fondo, el Cerro de la Ermita de la Virgen |
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| Vistas desde el Abrevia |
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| Posando en el vértice geodésico |
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| Inicio del descenso |
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| En plena bajada |
—Uff, creo que prefiero no saberlo…
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Fuente de Las Pilas
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Tras pasar junto a la soberbia Fuente de las Pilas, damos por finalizada la bajada. Intentamos pillar mesa en un restaurante cercano con excelentes reseñas, pero, como una de las camareras nos dice que tenemos que esperar más de una hora, al final improvisamos un picnic en una de las mesas del merendero de la propia Vía Verde.
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| Vía Verde de la Subbética |
A través de la misma, que sigue el trazado de una antigua vía férrea, pasamos bajo Zuheros y seguimos en dirección a Luque. El primer tramo se nos hace muy agradable, con algo de sombra y todo llano. Pero la subida a Luque, por el arcén de la carretera y un calor asfixiante, se nos hace bola y entramos en el pueblo al borde del colapso.
La tarde la pasamos descansando y buscando —un domingo— algún comercio abierto donde comprar algo de comida. De pura chiripa, en mitad de Luque, encontramos una máquina expendedora donde queda un solo paquete de chorizo. Parece una tontería, pero no lo es. La tercera etapa es la más larga y, al no tener necesidad de esperar a que abran los comercios el lunes por la mañana, podemos madrugar todo lo que queramos.
A la vuelta de cenar en una pizzería —lo único que había abierto—, nos cruzamos en plena calle con el mismo muchacho de la organización de la carrera al que, por la mañana, le habíamos preguntado si se podía pasar. Le detallamos lo que venimos haciendo desde que salimos de Cabra y los planes que tenemos el día siguiente para ir a Carcabuey. Nos aconseja tirar por un determinado sitio, mucho más montañero; se lo agradecemos, pero lo descartamos porque nos suponía demasiada paliza y todavía nos iba a quedar la última etapa.
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| Dehesas de la Subbética |
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| Mirando hacia el sur |
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| Cortijadas |
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| Las Buitreras |
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| Otra de Las Buitreras |
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| Gancha de Bernabé |
Unos cientos de metros más abajo nos topamos con la carretera que va de Cabra a Priego, de la que no nos separamos, siguiendo un camino de tierra paralelo hasta un punto en el que la cruzamos con precaución debido al intenso tráfico.
Empalmamos con el que baja hasta el Puente Califal, que nos permite pasar al otro margen del Río Palancar. Después de la preceptiva parada para reponer fuerzas y bajar la temperatura corporal a la sombra, tomamos una empinada senda que nos conduce a una pista que, ya sin pérdida, nos lleva hasta la entrada del bonito pueblo de Carcabuey.
A media tarde, mientras mi compañero se da una vuelta de reconocimiento por el pueblo, yo, que vengo torrado perdido, prefiero quedarme descansando hasta la hora de la pitanza, en la que, para no variar, nos reventamos a cenar.
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| Nos despedimos de Carcabuey |
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| Fuente Dura |
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| Manuel y el Bermejo |
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Foto de grupo
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| Yo también quiero otra aquí … |
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| Vistas desde el Arroyo de Jaula |
—Nada, ya estamos entrando en Priego.
Pero quien está aún más emocionado es el muy pájaro de Manuel, que le ha echado el ojo a la guapa camarera. Mientras damos cuenta de varias exquisitas raciones de pescado, asisto asombrado al despliegue por parte del truhan de toda su artillería de tácticas de cortejo.
Tras esta comida, que por los motivos expuestos fue la mejor con diferencia de toda las jornadas, regresamos a Cabra en busca del otro coche. Allí chocamos la manos, y nos despedimos hasta la próxima ocasión.











































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