En solitario en la sierra solitaria, con ésta redundante frase se podría resumir este pateo en Sierra Arana. Infravalorada por su cercanía con Sierra Nevada, esta mole caliza no deja de ser uno de los montañones más destacados de las Béticas.
Aún no ha asomado el sol por las nortes de Sierra Nevada cuando ya estoy colándome con el coche por la zona umbrosa del Puerto de la Mora. En la pantalla del salpicadero del vehículo me salta el dibujito del copo de nieve, y es que fuera hay -3º de temperatura. Unos pocos meses atrás desde la cima del Majalijar, cumbre emblemática de la Sierra de Huétor, me quedé prendado con ese murallón calizo que tiene de vecino y que mirando desde allí se alargaba hasta donde se perdía la vista.
Aquel día me fui de allí prometiendo volver pronto a explorar Sierra Arana. Ninguno de mis sherpas compañeros habituales están disponibles por unos u otros motivos este sábado, así que me va a tocar triscar por sus jorobas pétreas en solitario. Cuando tomo la salida de la autovía observo el primer contratiempo del día, ya que se aprecia nieve/hielo en la umbría de la cara Oeste de la Peña de la Cruz, mi primer objetivo del día, y que es por donde va el senderillo que coge todo el mundo para subir.
Como vengo en solitario, y en esta modalidad trato de ser bastante más cauto de lo que sería si viniera acompañado, descarto subir por ahí y antes de aparcar en Prado Negro ya voy maquinando una alternativa. Dejo el coche al lado del bar/restaurante, me echo la mochila a los hombros y tiro para arriba echando leches para entrar en calor lo más rápido posible. Es muy temprano y no veo a nadie por allí, solo me "saludan" los perros de los cortijos que no paran de dar la brasa con sus ladridos.
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| Prado Negro y Sierra Nevada |
Tengo muy claro el plan que he improvisado sobre la marcha. Cuando llegue a la Fuente de la Solana tengo que abandonar la senda y marcarme una diagonal directa hacía el Collado de Pedro Andrés.
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| Solana de Prado Negro |
No tengo ni idea de como será subir por ahí, pero no tardo en descubrir que hay multitud de senderillos pisados por el ganado que van y vienen desde los pastos de las alturas. Tan bien me sale la jugada que antes de darme cuenta ya estoy en el Collado de Pedro Andrés. Si hubiera seguido el plan original aquí habría llegado tras descender la Peña de la Cruz, pero tras cambiar de planes voy a acometer la subida por este lado. Tras hacer cima, descenderé de nuevo hasta aquí para luego continuar hacia los siguientes objetivos.
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| Collado de Pedro Andrés |
La perspectiva de la subida desde este punto no parece gran cosa, por lo que me auto impongo un ritmo más que ligero. Conforme voy avanzando la montaña me va poniendo en mi sitio, siendo el tramo final más exigente. Incluso empiezo a tener calor, sobrándome todas las capas de abrigo que traigo. Allí abajo estaba medio congelado, y aquí arriba me estoy cociendo, las cosas de la montaña. (1).
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| Llegando a la Peña de la Cruz |
Tras superar el último tramo, de pura roca agrietada por las inclemencias del tiempo, alcanzó el vértice geodésico de la Peña de la Cruz (2027 m.), punto más alto de ésta sierra.
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| Vértice Geodésico y Sierra Nevada |
Las vistas desde aquí arriba son aún mejores de lo que me imaginaba. Tengo delante casi todas las nortes de Sierra Nevada vestidas con un manto blanco. Hacía el Oeste tengo la continuación de la cuerda de la montaña, en la que destacan el Telégrafo, Tejera y Orduña, de los que tomo nota para explorarlos más adelante. Algo más hacía el Sur la Cuerda de la Gallega, con los Altos del Majalijar y el Peñón del Jorobado. Incluso, algo más allá, el Peñon de la Mata.
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| Mirando al Majalijar y al Peñón de la Mata |
Hacía el Este la visión es, si cabe, aún más sublime. El cuerno de la Cabeza del Caballo y la inmensa mole del Jinestral, que tengo que ir coronando uno a uno cuando finalice el descenso.
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| Peña de la Cruz |
Tardo más de la cuenta en dejarme caer hasta el collado porque me voy entreteniendo mirando embobado hacia todos los lados, en especial hacia la boscosa cara norte. También pierdo algo de tiempo buscando la mejor roca en la que colocar la cámara y el encuadre perfecto para una auto-foto con el disparador automático. Mereció la pena tanta molestia, ya que es una de las fotos favoritas de mi colección de las Béticas.
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| Posando con Sierra Arana |
Antes de llegar al collado me fijo en la Cabeza del Caballo, el segundo objetivo del día. Por su cara norte es un bestial raspón rocoso que se despeña de forma brutal, pero afortunadamente yo lo voy a subir en su vertiente "pisapraos".
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| Cabeza del Caballo |
En el collado como y bebo algo y, sin perder más tiempo, acometo la suave subida en busca del pequeño promontorio rocoso que es por este lado. Desde aquí compruebo que algunas veces las apariencias engañan y tampoco es pan comido. Rodeo la roca por la derecha donde encuentro un paso a través del cual, después de una sencilla trepada, alcanzo su punto más alto.
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| Peña de la Cruz desde la Cabeza del Caballo |
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| Jinestral desde la Cabeza del Caballo |
Tras hacer otro montón de fotos — hoy me estoy recreando más de lo habitual — desciendo por el mismo sitio y enfilo de forma decidida hacia el murallón por el que tengo que trepar para encaramarme a todo lo alto de la plataforma caliza del Jinestral. Conforme me voy acercando voy examinando la pared. Traigo los deberes hechos de casa y se que en esa pared hay una brecha a través de la cual, con precaución, se puede subir.
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| Acercándome al Jinestral |
Desde lejos (foto de arriba) no me parece nada complicado e incluso intuyo más de un paso fácil. Pero al llegar a la misma base ya no lo tengo tan claro. Recorro de un lado al otro la pared y por fin veo más arriba, casi a media altura, un hito que marca el paso correcto. Con la mirada por fin localizo la entrada al paso e incluso su salida por arriba.
Poco a poco, concentrado en las rocas donde pongo los pies y en cada grieta donde me voy sujetando con las manos, sigo progresando. Poca precaución es poca. Mas vale cuidarse de no cometer ningún error si vienes a hacer el cabra sin compañía. Por fin llego a la parte de arriba donde delante de mis ojos se abre un impresionante lapiaz que intuyo va a seguir dándome guerra un buen rato.
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| En lo alto del Jinestral No me equivoco, siendo el primer tramo del Jinestral bastante incómodo, con rocas y rajas como demonios por todos los lados, así que no puedo bajar la guardia. |
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| Mirada hacia atrás |
Por fortuna de vez en cuando encuentro algunos hitos que me van guiando por los mejores pasos. Con mucha paciencia voy brincando de roca en roca, hasta que por fin el terreno se vuelve más amable y llego a una amplísima plataforma de roca similar a una pista de despegue de un portaaviones. Al fondo contemplo una alucinante panorámica a los Riscos del Moro, que parecen cortados a cuchillo, y del colosal Peñón de la Giganta.
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| Riscos del Moro y Peñón de la Giganta |
En este punto me acerco al flanco derecho de la montaña en busca del canuto de roca por el que tengo que descender de las alturas. No tardo en localizarlo, dejándome caer por allí a través de un senderillo con la fantástica visión de los verticales Tajos de la Media Luna.
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| Tajos de la Media Luna |
Ya abajo me topo con una alambrada de una finca que voy siguiendo en paralelo y que me deja al lado del Cortijo de Pedro Andrés.
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| Cerca del Cortijo |
Desde allí conecto con el camino a través del cual, de forma cómoda y muy satisfecho, voy dejando atrás los cortijos de la Doncella y de las Chozas, entre ladridos de más perros. Y por fin llego al coche donde guardo el track en el gps, bebo el último trago y arranco el motor. Y de esta forma, sin ver a nadie en todo el día, en solitario me despido de la sierra solitaria.
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(1) Aquí se dio una inversión térmica de libro. Un fenómeno habitual en el que el aire frío se queda atrapado en el fondo del valle, mientras que en las cimas hace una temperatura más agradable.


















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